Brasil invitado de honor en Feria del Libro de Riad

RIAD (AP). Apenas se supo que Brasil sería el invitado de honor de la cuarta Feria Internacional del Libro de Riad, un funcionario saudí tuvo que asegurarle al público que los brasileños no bailarían samba en el evento cultural de 11 días.

La pregunta a Abdul Assize Al-Subeil, un importante funcionario del ministerio de Información, reflejó la desconfianza generalizada que suscitan aquí los sucesos culturales. Las ferias de libros, funciones de teatro y festivales de cine son motivo de prevención para los conservadores porque en ellos alternan personas de ambos sexos, se escucha música y se presentan libros que en su opinión son contrarios a los valores religiosos y morales árabes.

Sin embargo, a pesar de las interrupciones habituales de actividades culturales por hombres que en ocasiones se presentan como agentes de la policía religiosa, en los últimos años se advierte un aumento notable de esos eventos.

Uno de ellos fue un concierto organizado por la embajada alemana en un centro cultural oficial, en un país donde la música en público está prohibida y las personas están separadas por sexos hasta en las filas de los restaurantes de comida rápida.

Otro fue el primer festival de cine saudí el año pasado, al que asistió el ministro de Información, en una clara señal de apoyo oficial.

Una novedad este año es el mayor acceso de las mujeres a la feria del libro, inaugurada el martes. En ediciones anteriores, sólo podían asistir durante dos medios días. Muchos esperan que sea una señal de una menor intromisión de la policía religiosa.

Sin embargo, la influyente columnista Halima Muthaffar dijo que la escandalizó la actitud de la policía religiosa al colocar a ocho agentes alrededor de ella, separándola de los hombres y mujeres que asistieron a la firma de su libro para impedir que se acercaran hombres.

"¿Qué manera es ésta de alentar la cultura?", se preguntó en el diario Al-Watan.

Otro columnista, Ali al-Moussa, dijo que los temores sobre la influencia corruptora de los actos culturales son exagerados. Sostuvo que si los brasileños querían bailar samba en la feria del libro, no deberían existir impedimentos.

"¿Acaso no hemos bailado la (tradicional danza del sable saudí) en ferias en París, Londres, Moscú y Washington?", escribió en Al-Watan. "¿Por qué habríamos de bailar en sedes ajenas y condenar su presencia en la nuestra?"

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