Buffet para ricos y comida gratis a pobres, Ramadán egipcio

El Cairo (EFE). Exclusivos banquetes, al alcance de bolsillos sin apuros, o "mesas de la misericordia" gratuitas son dos de las opciones para romper el ayuno diario que confirman, también en Ramadán, el abismo que separa a ricos y pobres en Egipto.

Una hora antes del "iftar", la comida que acaba con la abstinencia diaria del Ramadán, el empresario Hag Salem, un elegante comerciante de 75 años, controla el ritmo ceremonioso con el que cinco jóvenes preparan una "mesa de la misericordia", un convite que Salem sufraga con sus ahorros desde hace treinta años.

Las "mawaed al rahman" o "mesas de la misericordia", que se cuentan por cientos en El Cairo, son banquetes gratuitos para los más desfavorecidos, costeados por organizaciones y particulares, que se celebran cada tarde del noveno mes del calendario musulmán.

"Es un servicio para los pobres que me acerca a Alá", explica a Efe Salem, propietario de un negocio de especias y bebidas en el popular zoco cairota de Jan al Jalili.

Vestido con una túnica o "galabiya" y provisto de un bastón, Salem se encarga de llenar los platos de aluminio con la comida preparada por una de sus hijas: pollo con arroz, acompañado por una ensalada, pan, agua y un plátano, como postre.

Son los instantes previos a la llamada a la oración que marca el inicio del "iftar", cuando decenas de jóvenes con hiyab (pañuelo islámico), ancianas de rostros arrugados, padres de familia y niños se congregan en torno a unas mesas de poca altura sobre las que, una vez colocado un papel de periódico, se va disponiendo el banquete.

Uno de los camareros, Mohamed, dedicado a preparar la ensalada, explica que los comensales "son gente pobre que no puede volver a casa para el iftar".Una vez que el sonido inunda las calles vacías de El Cairo, los esforzados estómagos se reconfortan con un festín que, cinco minutos después de iniciarse, empieza a registrar las primeras bajas y que concluye definitivamente a los diez minutos.

Las "mesas de la misericordia" alimentan durante el Ramadán a parte de ese 40 por ciento de los alrededor de 80 millones de habitantes que tiene El Cairo y que sobrevive con menos de dos dólares al día, según las estadísticas oficiales.

La situación lejos de reducirse se ha visto agudizada este año por el aumento de la inflación de los alimentos básicos que ha disparado los precios y ha situado "el kilo de carne en las ochenta o noventa libras egipcias (unos 15 dólares)", se queja Mohamed.

En la isla de Zamalek, a unos kilómetros del bazar donde se celebra esta "mesa de la misericordia", lujosos restaurantes ofrecen menús de "iftar" para "la élite egipcia y los extranjeros", señala a Efe Oana Vanciu, responsable de Relaciones Públicas del Sequoia, un establecimiento con estética "chill out" a orillas del Nilo.

La propuesta culinaria de este restaurante incluye un copioso y contundente bufé a base de manjares egipcios como la "kefta" o el "molujiya" y platos turcos, mediterráneos o marroquíes con el acompañamiento de una amplia variedad de ensaladas, cafés y dulces típicos de este mes sagrado.

"No es una buena comparación hablar de nuestro servicio como lo opuesto a las mesas de misericordia", opina Vanciu, que indica que la filosofía de este festín diario es "adaptar la tradición del banquete junto a la familia a las exigencias de la clase alta".

Y agrega: "lo más fácil después de un día de ayuno y rezos es venir hasta aquí para degustar nuestro menú", una invitación que secundan diariamente entre 100 y 200 personas.

A pesar de que el menú cuesta 200 libras egipcias (unos 35 dólares) y es inalcanzable para la mayoría de la población de un país donde el salario mínimo de los funcionarios se sitúa en las 289 libras mensuales, Vanciu señala que el éxito "es total porque el 90 por ciento del local se cubre con reservas".Y es que el personal de esta terraza con vistas al río cuida hasta el más mínimo detalle para satisfacer los cinco sentidos de su adinerada clientela.

En otro restaurante de la isla, las viandas son igual de abundantes y, según uno de sus empleados, el menú además de calmar el apetito ofrece la posibilidad de serenar el espíritu, pues dos libras de su precio, unas 245 libras (42 dólares), se destinan a programas para erradicar la pobreza infantil.

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