Canje de cautivos con el Talibán suscita debate

El sargento del ejército estadounidense Bowe Bergdahl seguramente tendrá muchas muestras de bienvenida a su regreso a casa después de cinco años de permanecer en manos de los talibanes, pero aquellos funcionarios federales que trabajaron para liberarlo enfrentarán muchas preguntas sobre el precio político que se pagó: un intercambio de prisioneros con el Talibán.

El ministerio de Relaciones Exteriores de Afganistán lamentó el lunes el canje de cinco talibanes presos en Guantánamo para asegurar la liberación de Bergdahl. En un comunicado emitido el lunes, el ministerio dijo que el intercambio de cautivos fue "en contra de las normas del derecho internacional" en caso de que se hubiese realizado contra la voluntad de los cinco talibanes detenidos.

"Ningún estado puede transferir a un ciudadano de otro país a un tercer país y poner restricciones a su libertad", agregó.

Los cinco talibanes detenidos partieron de Guantánamo el sábado a bordo de un avión militar de Estados Unidos hacia Catar, que sirvió como intermediario en las negociaciones. Tienen prohibido salir de Catar por lo menos durante un año.

Bergdahl estuvo cautivo durante cinco años antes de su puesta en libertad el sábado en el este de Afganistán. Se cree que estuvo secuestrado por la red Haqqani.

Desde el fin de semana comenzaron a organizarse en Estados Unidos las celebraciones por el retorno de Bergdahl, pero no estarán libres de complicaciones para la Casa Blanca.

El hecho de que cinco sospechosos de terrorismo salieran en libertad suscitó un debate en Washington sobre si el intercambio aumentará el riesgo de que otros estadounidenses sean secuestrados para ser utilizados como moneda de negociación y si los detenidos liberados —entre ellos varios talibanes de alto rango— podría hallar la forma de regresar al uso de la violencia.

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