Chile: nube volcánica puede detener motores de aviones en el aire

SANTIAGO DE CHILE (AP). Encontrarse en vuelo con una nube volcánica es una de las peores pesadillas para un piloto: sus compuestos pueden dañar el instrumental de navegación, el fuselaje e incluso detener los motores en el aire.

En 1982, los 263 ocupantes de un Boeing 747 de British Airways sufrieron en carne propia el problema cuando el piloto les informó que se habían detenido los cuatro motores del avión porque habían atravesado una nube volcánica.

El avión, que cubría la ruta Londres- Auckland, sufrió la emergencia porque sus radares no detectaron la pluma de cenizas del volcán Galunggung, en la isla de Java.

Ningún radar de avión puede detectar una nube volcánica, lo que incrementa el peligro en los vuelos nocturnos. De día los pilotos pueden verla desde lejos pero, por su naturaleza, sólo puede detectarse mediante satélites.

Los componentes de la nube volcánica, los cristales de silicato y los gases sulfúrico y clorhídrico, "contaminan los equipos electrónicos de los aviones, como las computadoras y los sistemas de aire acondicionado (relacionados con) el enfriamiento de los equipos", dijo a la Associated Press el ingeniero aeronáutico Carlos Rojas.

El silicato es una sal formada a partir de un ácido de silicio. Una de sus principales características es la dureza. Corroe los motores de los aviones y con el calor se funden y se pegan en su interior.

Rojas, jefe subrogante de la Dirección de Operaciones de la Dirección General de Aeronáutica Civil, agregó que "la obstrucción de los sensores, la alta temperatura y el depósito de cenizas en el interior de los motores, sumado a la pérdida de oxígeno, puede producir la detención del motor".

Los pasajeros del vuelo 9 de British Airways se salvaron por la pericia de su piloto, que logró planear el aparato durante los 7.000 metros que cayó, hasta que su ingeniero de vuelo logró arrancar primero un motor y luego los tres restantes. Uno de los motores, no obstante, volvió a detenerse.

Un incidente idéntico volvió a registrarse en 1989, y afectó a un vuelo de la aerolínea KLM que cubría la ruta entre Amsterdam y Anchorage, en Alaska, cuando sus motores se detuvieron al meterse, sin darse cuenta, en una nube volcánica.

Después de lo sucedido al Boeing de British Airways se creó el Centro de Seguimiento de Cenizas Volcánicas (VAAC por sus siglas en inglés) y sus expertos _repartidos en sedes que cubren todo el globo_ analizan la información del riesgo volcánico y colaboran con las aerolíneas.

Los VAAC, que dependen de las respectivas direcciones meteorológicas, tienen sedes en Argentina, Washington, Tokio, Londres, Montreal, Toulouse (Francia) y Wellington (Nueva Zelanda).

La erupción del volcán Cordón del Caulle, en el sur de Chile, dejó a miles de pasajeros varados en aeropuertos de Australia, Nueva Zelanda, Uruguay, Brasil, Argentina y Chile porque ninguna aerolínea se iba a arriesgar a poner en peligro a sus pasajeros sabiendo lo que puede suceder.

La erupción el año pasado de un volcán islandés, con una fumarola que alcanzó los 20 kilómetros de altura, provocó caos en el tráfico aéreo de Europa. Afectó los espacios aéreos de 20 países, paralizó 100.000 vuelos y afectó a ocho millones de pasajeros.

Otro efecto de las cenizas volcánicas y de la densidad de la nube que las transporta es que actúan como una verdadera lija sobre el fuselaje del avión, y sus gases dañan los aparatos electrónicos. Ello es tan perjudicial como los silicatos que se introducen a los motores y los detienen.

Incluso las nubes cuya densidad ha disminuido y se presentan diluidas, son igualmente peligrosas para las aeronaves por el poder abrasivo de las cenizas y obligan a los operadores a cambiar de inmediato los motores.

Rojas dijo que las cenizas también pueden obstruir "algunos sensores que entregan información fundamental para el vuelo a algunos instrumentos de velocidad, de altura, y a algunas tomas de presión y de temperatura".

"Adicionalmente, producto de la composición química de los gases, se produce una corrosión en las superficies estructurales y de los componentes del avión", añadió el ingeniero.

En cualquier lugar donde se depositen las cenizas, fuera de su poder abrasivo, pueden causar corrosión y desgaste de piezas.

Las partes fijas y móviles de la estructura del avión, como el borde de las alas, los componentes de sustentación, los parabrisas de las ventanas, los sensores y las antenas, son las más expuestas a la corrosión.

Rojas dijo que los operadores deben evitar exponerse a esa nube volcánica, ya sea directa o indirectamente.

Tanto los fabricantes de los aviones como las líneas aéreas instruyen a los pilotos sobre cómo actuar frente a una nube volcánica. La primera recomendación es ni siquiera acercarse a una de ellas.

"Tendría que ser una erupción casi impredecible la que posibilitaría que algún avión se vea involucrado, porque nadie se va a arriesgar a entrar en una nube volcánica porque todos conocen las consecuencias que tiene", dijo el ingeniero.

La nube del volcán Cordón Caulle completó el viernes su primera vuelta al mundo, cuando llegó a Coyhaique, en el extremo sur, y aunque se estima que llegará disminuida, menos densa, no se descarta que inicie un segundo periplo alrededor del planeta. Inicialmente era esperada el sábado.

Las corrientes de aire que existen entre los cinco y los 10 kilómetros de altura son las que dirigen las nubes volcánicas y que hace que sea poco predecible qué sucederá con ellas.

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