Cientos de miles exigen que hijos del presidente salgan de Yemen

SANA (AP). Cientos de miles de manifestantes antigubernamentales salieron el domingo a las calles de varias ciudades de Yemen para exigir que los poderosos hijos del presidente Alí Abdalá Salé y otros miembros de su círculo íntimo salgan del país.

Salé se encuentra actualmente en Arabia Saudí recibiendo tratamiento por las heridas graves que sufrió durante un ataque al palacio presidencial a principios de mes. Sus dos hijos, Ahmed y Jaled, encabezan sendas unidades de mando militar, han desempeñado un papel crucial en la protección del régimen de su padre y controlan el poder durante su ausencia.

Los manifestantes en las ciudades de Saná, Ibb, Taiz y otras corearon consignas el domingo con las que exigieron el derrocamiento de Salé y la salida del país de sus hijos y otros familiares. Algunos gritaban: "Los huérfanos de Salé deben abandonar el país".

La crisis política de Yemen comenzó en febrero con protestas pacíficas en su mayoría por parte de multitudes que pedían la expulsión de Salé después de casi 33 años en el poder. Una ofensiva de las fuerzas de seguridad mató al menos a 167 personas, de acuerdo con la organización activista Human Rights Watch.

Salé se retractó tres veces de firmar un acuerdo propuesto por el Consejo de Cooperación del Golfo, integrado por seis naciones cercanas al Golfo Pérsico, para que renunciara y entregara el poder a su vicepresidente. A cambio se le garantizaba inmunidad ante cualquier acusación.

La agitación política de Yemen es una fuente potencial de inestabilidad para la vecina Arabia Saudí, un productor clave de petróleo.

Para Estados Unidos y Europa, su principal preocupación es que la lucha política le pueda abrir camino a la rama yemení de Al-Qaida. El grupo, que ha encontrado refugio en zonas montañosas de Yemen, ha estado detrás de varios ataques contra objetivos estadounidenses que estuvieron a punto de tener éxito.

Los milicianos tomaron la capital provincial y ahora operan abiertamente en el sur del país, una zona anárquica, donde entrenan con municiones reales y han establecido retenes en las carreteras.

Washington considera a Salé como un socio esencial en la lucha contra al-Qaida y le había dado a su gobierno millones de dólares en ayuda militar, pero ha estado presionando para que renuncie a fin de prevenir un mayor derramamiento de sangre en el país.

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