Colombia: Ataque acaba con ilusiones de familias de cadetes

Antes que un coche bomba explotara esta semana en una escuela de policías de Colombia, dejando 21 muertos, los jóvenes cadetes de ese lugar andaban ocupados con la ilusión de servir a su patria y ayudar a sus familias a salir de la pobreza.

María Corredor, una sastre que trabaja en la escuela remendando uniformes, recuerda a César Ojeda, un muchacho de 22 años que le dio un beso volado el jueves por la mañana mientras caminaba contento por el campus.

Diego Alejandro Molina, de 20 años, acababa de salir de una ceremonia y se cambiaba el uniforme de guardia de honor, que el atleta estrella vestía con orgullo mientras soñaba con hacer realidad el sueño de su vida: ser policía.

Otros como la ecuatoriana Erika Chico, de 21 años, seguían dentro de sus barracas, preparándose para lo que pensaban iba a ser otro día sin mayores novedades.

"Eso fue el infierno en segundos", señaló Corredor recordando a las víctimas de la explosión.

Familiares de los cadetes muertos en el ataque más mortal de Colombia en 15 años ahora tienen ante sí la cruel tarea de identificar a sus seres queridos, aunque muchos de los cuales quedaron tan mutilados que solo podrán ser identificados mediante pruebas de ADN. Muchos provenían de zonas de Colombia empobrecidas y castigadas por la guerra y representaban la posibilidad de prosperidad para sus familias.

"Son jóvenes con sueños truncados por acciones violentas", lamentó Víctor Quiroga, un exmaestro de la academia que ayudó a reconfortar a los cadetes heridos tras el ataque.

De acuerdo con las autoridades, un experto en explosivos del último grupo rebelde del país _el Ejército de Liberación Nacional (ELN)_ fue quien perpetró el ataque, que dejó además 70 heridos, algunos de gravedad.

Los investigadores afirman que José Rojas ingresó a la escuela por una entrada lateral para entregas, metiéndose rápidamente cuando se abrió para que salieran unas motos. Luego llegó hasta el centro de la academia, donde explotó la camioneta Nissan tipo pickup modelo 1993, que estaba cargada con 80 kilos (175 libras) de pentolita.

Rojas fue identificado después por las huellas dactilares de la única mano que le quedó.

Hasta el viernes, el forense de Colombia solo había identificado los restos de cuatro personas mientras las familias de otras víctimas seguían en la escuela, a la espera de respuestas y recogiendo artículos personales de sus seres queridos, como laptops y uniformes.

"Vamos a llevar una imagen por lo menos de cómo era en vida", dijo Jhon Diego Molina, padre de Diego Alejandro Molina. "Porque aún no sabemos cómo nos lo van a entregar o en qué condiciones ha quedado".

La Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, en Bogotá, atrae a jóvenes de varias partes de Colombia y Sudamérica, todos con la ilusión de convertirse en policías después de tres años de capacitación.

Jonathan Suescun, de 21 años, era hijo de una pareja que vendía empanadas en un pueblo de Meta, departamento en el centro de Colombia, donde los paramilitares y la guerrilla estuvieron en guerra durante años.

"(Quería ser) el primer profesional que iba a sacar a la familia adelante", dijo Gabriel Osorio, amigo cercano de la familia.

Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes