Comienza una semana de protestas y movilizaciones indígenas en Brasilia

Cientos de indígenas de diferentes etnias montaban este lunes el "Campamento Tierra Libre" cerca del palacio de gobierno de Brasil, en la apertura de una semana de movilización en reclamo de sus tierras ancestrales.

Las protestas se dan en un contexto político considerado hostil por los líderes indígenas, quienes acusan al gobierno conservador del presidente Michel Temer de negarse a demarcar los territorios para devolverlos a sus dueños originales y de favorecer a los ruralistas (empresarios agrarios), representados por una poderosa bancada en el Congreso.

"La coyuntura política es muy negativa para nosotros. Este es el primer gobierno de la historia que no demarcó ni homologó tierras. Temer pasará a la historia como el presidente que no aceptó dialogar con los pueblos indígenas", dijo a la AFP Kreta Kaingang, miembro de la coordinación ejecutiva de la Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil (APIB).

"Sabemos que los intereses internacionales son grandes, en minería y petróleo", añadió desde el bullicioso local donde eran levantadas las tiendas.

A media mañana, la Secretaría de Seguridad de Brasilia estimó que habían arribado unos 1.000 indígenas al Distrito Federal, pero por la tarde, los organizadores de la movilización informaron que había más de 2.500 personas en el campamento.

El lugar rebozaba de colores -estampados en las vestimentas tradicionales o en los arreglos de plumas que adornaban las cabezas de los indígenas- y contrastaba con el gris tradicional de las monumentales construcciones de concreto de la capital brasileña.

Otro de los objetivos del evento es dar apoyo a las candidaturas indígenas para las elecciones presidenciales y legislativas del 7 octubre, dijo Kreta Kaingang, quien abriga expectativas de que puedan conseguir un escaño en la Cámara de Diputados y otro en el Senado. De concretarse, sería la primera vez que ocurre desde los años 90, según la líder indígena.

Los organizadores esperan que este año la movilización sea más tranquila que la del 2017, cuando cientos de indígenas chocaron con la policía tras intentar ingresar al Congreso llevando réplicas de ataúdes en homenaje a sus compañeros muertos por los conflictos con los ruralistas.

La policía reprimió la invasión lanzando bombas de gas en una escena que mezcló estelas de humo blanco con flechas y féretros falsos flotando en los estanques que anteceden al ingreso del parlamento.

"Este campamento es una demostración de nuestra fuerza. El año pasado fue muy turbulento, pero hoy ya fuimos recibidos dos veces en la Cámara de Diputados", dijo Kreta Kaingang.

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