Consigna en ofensiva afgana: Destruir opio, no amapolas

MARJAH, Afganistán (AP). Combatir el cultivo de amapola, que es usada en la producción de opio, es uno de los principales objetivos de una ofensiva contra este baluarte del Talibán. La iniciativa, sin embargo, tiene sus riesgos: Si se destruyen las cosechas, se pierde al apoyo de la gente. Es un problema sin una solución fácil.

Los soldados de Afganistán y de la OTAN que irrumpieron en Marjah en febrero tenían la orden de destruir grandes depósitos de opio pero no tocar las plantaciones de amapola, pues ello podía afectar el objetivo de ganarse a la población, que apoya al Talibán ante la inoperancia del gobierno central en esta región.

"Dejamos que sigan creciendo", comentó el capitán Carl Havens, comandante de una unidad estadounidense enviada a la zona. "Si vamos y destruimos todo, se pondrán en contra nuestra".Antes de lanzar la ofensiva, los militares estimaron que la cosecha de amapolas de Marjah vale unos 40 millones de dólares, según el coronel Jeff Rule, quien dirige las operaciones de los marines en la provincia de Helmand. El comercio del opio le genera al Talibán unos 300 millones de dólares anuales, según las Naciones Unidas.

Las autoridades afganas dicen que les gustaría comenzar a destruir las cosechas de amapolas de inmediato, pero saben que no pueden hacerlo en Marjah porque la situación allí es muy volátil.

"Cuando ya no haya combates podremos enfocarnos en la erradicación", dijo Mohammad Zafar, viceministro del departamento encargado de la lucha contra el narcotráfico. Indicó que la prioridad en estos momentos es garantizar el control militar de la región.

"No podemos crear una situación en la que le quitamos su único sustento a la gente en el segundo país más pobre del mundo y no le damos una fuente de ingreso alternativa", expresó el portavoz de la OTAN James Appathurai en Bruselas.

La época de cosecha está comenzando y pondrá a prueba hasta dónde llega el control que ejercen los militares en esta ciudad de 80.000 habitantes, que apoya al Talibán porque le compra sus amapolas.

Los marines no destruirán las cosechas, pero tratarán de impedir la venta de amapolas en Marjah, cuya economía depende de esa actividad.

"No van a poder venderla en los bazares, porque allí estaremos", dijo el teniente Joseph Reney, de los marines.

Hacerlo sin enfurecer a los campesinos no será sencillo.

La idea es compensar a los agricultores para que el año que viene cultiven otro productos, como trigo o soja.

Esa política ya dio algunos dividendos en otros sectores de la provincia de Helmand, donde el cultivo de amapolas bajó un 33% el año pasado, según las Naciones Unidas.

Esa merma se dio en áreas donde el gobierno central estableció un firme control y expulsó al Talibán, que ofrecía arreglos muy tentadores, incluidas semillas, fertilizadores, protección y la compra garantizada de las amapolas.

No está claro qué tipo de control tienen las fuerzas del gobierno y sus aliados en Marjah. Tradicionalmente el Talibán disminuye su actividad en invierno, se reagrupa, y vuelve a la carga en la época de cosecha, la primavera y el verano.

"Estamos haciendo progresos, descubriendo depósitos y arrestando gente", manifestó el comandante de escuadrilla de la fuerza aérea británica Richard Connelly.

Los agricultores, por su parte, afirman que nadie les ha hecho propuestas concretas con alternativas al cultivo de amapolas.

El campesino Abdul Ghani dice que tiene 1,2 hectáreas de tierra, donde cultiva trigo y amapola. A la amapola le dedica solo un tercio de su propiedad, pero es el cultivo que más ingresos genera.

"El labrado de la tierra, los fertilizantes... todo esto cuesta dinero. El trigo no cubre los costos", afirmó Ghani.

"Si pudiese generar ingresos de otra forma, no cultivaría amapolas", agregó. "Tal vez trabajando como obrero, o como peón de algún hacendado rico".

El jefe administrativo de Marjah, Abdul Zahir, dice que sabe que los cultivos legales no generarán los ingresos que genera la amapola, pero que espera que los agricultores acepten ganar menos dinero a cambio de un gobierno más eficiente y una seguridad superior a la que ofrecía el Talibán.

"Ganarán la mitad, pero tendrán un gobierno en serio, seguridad y trabajarán legalmente", manifestó.

Las fuerzas estadounidenses están empleando cientos de personas para la limpieza de canales de irrigación, el cavado de pozos y la construcción de puentes peatonales. Esos trabajos, no obstante, desaparecerán cuando se vayan los norteamericanos.

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