Copiapó descorchó ante el mundo la más grande de sus fiestas

COPIAPO ( AFP). Con gritos, bocinas, besos y abrazos interminables, los habitantes de la ciudad chilena de Copiapó descorcharon ante la mirada de todo el mundo varios días de fiesta que coronan la extraordinaria hazaña de sus mineros, rescatados tras casi 70 días bajo la tierra.

"Hace llorar tanto una historia tan bonita", comentó el lustrador de botas de la plaza principal de Copiapó, uno de los tantos que daba brincos fervorosos en la ciudad, convertida durante más de dos meses en el epicentro del mundo gracias a "sus 33 niños" cuyo rescate culminó este miércoles.

"Yo fui al mundial en Sudáfrica. Pero este es el verdadero campeonato mundial de Chile. El campeonato mundial del mundo", dice Raúl Palma, ya sin voz de tantos gritos. "Yo estoy festejando desde hace 48 horas, sin dormir. Esto es fútbol de verdad", agrega en medio de llanto y carcajadas.

La alegría es gigantesca, contagiosa, histérica, desbordante. No es para menos. La pantalla gigante ubicada en la neurálgica plaza central acaba de dar la noticia: la cápsula izada con una grúa, usada para el rescate, acaba de traer a las 21H55 locales (00H55 GMT) a Luis Urzúa, el último de los 33 mineros que faltaba por subir los 622 metros desde donde quedaron enterrados por un derrumbe el 5 de agosto.

"Nuestros 33 niños han emergido de nuestra tierra", vocifera Mildred Bravo, acompañada de toda su familia celebrando esta historia con ribetes de epopeya, en medio de un ruido impresionante de campanas y sirenas.

En una ciudad que duerme temprano y que se sentía completamente olvidada de la Tierra, Copiapó le gritó al mundo: "están vivos, están con nosotros, sí, sí, sí, los mineros de Chile".

"Si supiera lo que hemos sufrido. Son nuestros hermanos", dijo María Valenzuela, con los ojos llenos de lágrimas y absolutamente emocionada.

La minería es clave para la economía de Chile, pero en Copiapó, una ciudad de unos 150,000 habitantes en el desierto de Atacama (norte), "es una religión, algo que se lleva adentro".

"¿Por qué? Por que todos somos de alguna manera mineros. Mi tata era minero, mi taita era minero y yo...soy minero", explicó Idelmo Salazar de 55 años. "Yo soy parte de ellos, ellos son parte de nosotros", añadió.

La municipalidad lo tiene claro. Y programó varios días de fiesta.

"Queremos darle a esta ciudad lo que merece. Somos ahora el ojo del huracán. Quiero que sigan hablando de Copiapó", indicó a la AFP su alcalde, Maglio Cicardini.

"Vamos a condecorar a los niños (los mineros) hijos ilustres de nuestra ciudad, tenemos planeado un Museo dedicado a ellos y a la operación del rescate, y el campamento Esperanza (construido al pie del yacimiento) será declarado un santuario", añadió.

El campamento Esperanza en la Mina San José, donde 33 de sus trabajadores quedaron enterrados el 5 de agosto y congregó a miles de personas, entre socorristas, periodistas y familiares de mineros, se preparaba para desmantelarse. Pero nadie podrá olvidar lo que se vivió allí tras más de dos meses angustiantes de espera.

"Allí ocurrió un milagro", aseguró el alcalde Cicardini. "El milagro del rescate, el milagro de dar a conocer a Copiapó", un nombre que en quechua significa Copa de oro.

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