Crecimiento de Berlín compromete su espíritu espontáneo

BERLIN (AP). Berlín siempre ha sido una excepción entre las grandes ciudades europeas: hermosa, llena de vida, bohemia... y barata.

Pero ahora que Alemania se prepara para festejar el 20mo aniversario de la unificación del este y el oeste, Berlín está experimentando el crecimiento que avizoraron los legisladores cuando la declararon capital del país en 1991 y muchos temen que pierda su imagen de ciudad "pobre pero sensual".

Abundan las quejas de que la prosperidad compromete su espíritu bohemio y genera una crisis de identidad. Estudiantes y artistas que hacían de Berlín una ciudad de vanguardia dicen que ya no pueden pagar los alquileres que se están cobrando.

Los berlineses creen que están pasando por el mismo proceso que vivieron ciudades como Londres, Roma y París, que tal vez perdieron parte de sus encantos a medida que progresaban.

Berlín fue durante la década de 1990 una de las ciudades grandes menos productivas, según el instituto económico DIW, pero ha registrado el crecimiento más fuerte de los últimos cinco años. Luego de perder residentes durante un tiempo, Berlín revirtió esa tendencia y además atrajo 4,2 millones de turistas en el primer semestre del 2010, lo que la hace la tercera ciudad más popular de Europa, después de París y Londres.

"Berlín está en plena efervescencia. Tiene de todo: cultura, naturaleza, arquitectura, historia, estilo de vida... Todo el mundo puede sentirse a gusto aquí", expresó Johanna Ebert, de 34 años, gerenta de un hotel recién inaugurado, el Hotel4youth, situado en un terreno por donde pasaba el Muro de Berlín.

La producción económica de Berlín subió un 1,6% entre el 2004 y el 2009, de acuerdo con el DIW. Esto es tres veces el promedio nacional, que es de 0,5%.

Sin embargo, la tan ansiada prosperidad compromete los valores que distinguían esta ciudad: su desorden, su espontaneidad y la cantidad de espacios abiertos y viviendas a precios módicos que facilitaban la subsistencia de la gente creativa.

"Todo se está renovando, llueve el dinero y perdemos nuestra individualidad", sostuvo Ebert.

La población del barrio Prenzlauer Berg, donde se encuentra el hotel del mismo nombre, se ha renovado en un 80% desde 1990. Los estudiantes y artistas que desplazaron a viejos residentes de Alemania Oriental ya no pueden costear los alquileres, que se fueron por las nubes a medida que inversionistas compran propiedades y las renuevan.

En el distrito central de Mitte la gente está escandalizada ante la amenaza de desalojar una comuna de los 90, la Tacheles, y renovar el edificio que ocuparon sus residentes, donde alguna vez funcionó una tienda por departamentos. En la actualidad pagan alquileres bajísimos.

"Corremos el peligro de empezar a demoler sin saber lo que hacemos", afirmó Martin Wollenberg, de 45 años y quien dirige "Berlín on Bike", empresa que organiza paseos turísticos en bicicletas. Destaca que el edificio donde funcionó el parlamento de Alemania Oriental fue demolido tras una prolongada batalla legal en el 2008.

Pese al boom del turismo, el desempleo en Berlín sigue siendo muy alto. Se calcula que el 12,3% de la población no tenía empleo en julio, comparado con el 7,6% del resto del país.

Los expertos dicen que los empleos nuevos son para gente que acaba de instalarse en la capital, no para los nativos, muchos de los cuales trabajan en sectores tradicionales, como la construcción y el fabril. Por eso a la ciudad le conviene generar más empleos en esas áreas.

El ejemplo más clásico de la tendencia a destruir sin pensar fue el Muro de Berlin, del que queda muy poco. Los restos del muro son una de las atracciones turísticas más cotizadas, al punto de que las autoridades municipales hablan de reconstruir parte del muro en la calle Bernauer.

"Los turistas quieren algo auténtico", manifestó Wollenberg, quien nació en Berlín.

Agregó que uno de los paseos más populares que ofrece su firma es un recorrido por la faja que ocupó el muro que partió en dos la ciudad y que hoy marca otra división, entre áreas pobres y áreas ricas. Así, el turista pasa de una escuela dilapidada a un barrio de casas nuevas.

"Ya nada es lo que era, pero no podemos impedir el progreso", dijo Wollenberg.

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