Crisis humanitaria y pocas esperanzas de paz en Yemen tras 4 años de guerra

Cuatro años después del comienzo de la intervención de la coalición militar árabe en el conflicto del Yemen, la población civil sufre las brutales consecuencias de una guerra que ha provocado la peor crisis humanitaria del mundo, mientras una solución política parece aún lejana.

La coalición capitaneada por Arabia Saudí empezó a actuar en el Yemen el 26 de marzo de 2015 contra los rebeldes hutíes chiíes, que tomaron el control de la capital, Saná, seis meses antes y obligaron a huir al presidente Abdo Rabu Mansur Hadi, actualmente exiliado en Riad.

La campaña de bombardeos de la alianza, integrada por países suníes y apoyada por Estados Unidos, recrudeció el conflicto y los civiles han sido los más afectados por la infraestructura dañada, incluidas escuelas y hospitales, además de que han sido víctimas de lataques en muchas ocasiones.

Un capitán de la Policía de Saná, Hussein Murghim, aseguró hoy a Efe que él y su familia necesitan "paz" para poder recuperar su vida, que antes de la guerra era "decente", mientras que ahora le cuesta mantener a su mujer y dos hijos.

"Yo solía recibir mi salario regularmente, estábamos seguros y los precios eran accesibles", explicó.

Murghim lleva dos años sin recibir un sueldo y no puede pagar las medicinas o el colegio de sus hijos, se lamentó.

El policía vive en la capital, que permanece bajo el control férreo de los hutíes, cuyo Gobierno no puede pagar desde septiembre de 2016 los salarios de los funcionarios estatales en las zonas que controla en el oeste y el norte del país, lo cual ha afectado a más de dos millones de trabajadores.

Los bombardeos de la coalición árabe también amenazan las vidas de los que viven en territorios dominados por los hutíes, algunos de los cuales han sido recuperadas por las fuerzas gubernamentales en los pasados años, con el apoyo de la alianza.

Más de dos millones de personas están desplazadas en el interior del país y más de 6.500 -según la ONU- han perdido la vida desde el comienzo de la contienda, que ha exacerbado la pobreza y la inseguridad alimentaria en el que ya era considerado el país más pobre de la región.

"Los yemeníes somos muy resistentes, pero a medida que la guerra continúa nuestra resistencia disminuye", declaró a Efe Hussam Abdulmalik, un estudiante de Bellas Artes de la Universidad de Saná.

"Cada vez más, la gente lucha para sobrevivir día a día, y la guerra no muestra ningún signo de remitir", agregó.

Una salida negociada al conflicto parece lejana debido a que el último acuerdo alcanzado el pasado diciembre por el Gobierno y los hutíes no está siendo aplicado y ambas partes se acusan mutuamente de no respetarlo en la ciudad portuaria de Al Hudeida.

La tregua que entró en vigor en diciembre en esa urbe aguanta a malas penas, mientras que el repliegue de las tropas de ambos bandos y la aplicación de otros puntos del pacto están estancados, a pesar de los esfuerzos de la ONU.

Una joven de 19 años aseguró a Efe que su vida en Al Hudeida era una "agonía", por lo que ella y su familia decidieron huir a Saná, donde vive con sus padres y seis hermanos en un local comercial vacío que han alquilado.

"Abandonamos Al Hudeida por la guerra y el hambre, los combates nos habían obligado a movernos de un barrio a otro" antes de escapar definitivamente, explicó Ahlam Muhamad Ayash.

Sus progenitores han perdido los empleos que tenían antes de la guerra y ahora no pueden cubrir las necesidades básicas de alimentos y agua potable, agregó la joven.

Esa es la situación de más ocho millones de personas, que sufren inseguridad alimentaria o están en riesgo de hambruna, de un total de 22 millones que necesitan ayuda humanitaria en todo el país, según la ONU.

Naciones Unidas ha calificado la crisis humanitaria del Yemen como la peor del mundo y en este contexto también han rebrotado enfermedades contagiosas como el cólera, que ha aumentado en las pasadas semanas y ha matado a casi dos centenares de personas desde enero.

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