Cumbre del clima entra a etapa política

La conferencia mundial sobre cambio climático entrará el lunes en la semana final de su búsqueda de bases firmes de un nuevo acuerdo en 2015 en París, y a juzgar por lo que cree Brasil, un poderoso interlocutor, ha avanzado en su primera semana por el camino correcto.

"Hemos hecho una evaluación preliminar", dijo Antonio Marcondes, jefe de la delegación negociadora de Brasil. "Al concluir la primera semana estamos bastante más optimistas con lo visto en Lima".

Marcondes fue el último funcionario que habló con reporteros el viernes por la noche, en el cierre de un largo desfile de discursos y conferencias de prensa iniciado el 1 de diciembre por delegados de los más 190 países que asisten a la conferencia de 12 días.

La primera semana no dio, sin embargo, mucha visibilidad a los negociadores. Las discusiones en la llamada Conferencia de las Partes, que se realiza anualmente al amparo de Naciones Unidas y en Lima está viendo su vigésima edición (COP20), fue una tribuna más bien abierta a organizaciones no gubernamentales y grupos indígenas y juveniles.

Todos ellos tuvieron en común invocaciones a los gobiernos para allanar las bases de un nuevo acuerdo de cambio climático en la COP21 de París y evitar la frustración de Copenhague en 2009 cuando en el día final se produjo el desastre por acusaciones recíprocas de los delegados sobre espionaje.

La semana que empieza el lunes será de enorme peso político. A partir del martes 9 asistirán presidentes y jefes de estado de varios países. Por la América Latina han confirmado su participación los presidente de Bolivia, Chile, México y Colombia, además ciertamente del país anfitrión Ollanta Humala.

Los indígenas pusieron toques de dramatismo a sus intervenciones apareciendo con sus vestimentas tribales. Hablaron de las penurias de sus comunidades por abusos de autoridades, matonería de madereros, calor sofocante y enfermedades que afectan a niños y adultos mayores.

"Desde este espacio político deben salir las voces de cientos de pueblos milenarios que claman sus territorios", declaró Jorge Herrera, dirigente colombiano.

Cuando se trató de hablar de agricultura ancestral, Rosalía Clemente, de los andes peruanos, puede tener la síntesis.

"No sabemos cuándo sembrar para esperar la lluvia. Las semillas se secan y mueren. Nuestras cosechas disminuyen. Nuestros animales sufren por falta de pasto. Y no sabemos ya con certeza si en octubre hará frío como lo sabían nuestros antepasados", dijo.

Los discursos de dirigentes de áreas amazónicas también pueden sintetizarse en las palabras del curaca (anciano sabio) kandozi Urushpa, líder de una comunidad de 50 personas en la cuenca de los ríos Pastaza y Morona que comparten Perú y Ecuador.

"Los árboles grandes que nos daban sombra ya no están. El aire caliente está detenido. Ya no vemos aves ni monos cerca de casa. Los pescados ya no abundan y no podemos beber el agua de los ríos. Yo tengo 66 años y soy el más viejo", dijo luciendo su ropa típica y sin zapatos y aludiendo a su etnia de menos 2.000 personas que oficialmente está en proceso de desaparición.

El objetivo de la COP20 es trabajar en mecanismos complejos que pudieran dar al mundo la esperanza de no permitir que el calentamiento global sobrepase los 2 grados centígrados al año 2050, con relación a la temperatura que existía en el siglo 18 previo al inicio de la era industrial.

"Brasil ha venido a esta conferencia con grandes expectativas", dijo Marcondes. "Y al concluir la primera semana estamos bastante optimistas".

No todos sin embargo han visto bien esta conferencia de 90 millones de dólares y 15.000 participantes.

"Empezó el circo", dijo el cardenal primado de Perú, Juan Luis Cipriani. "Estamos hablando del clima del año 2050 cuando ignoramos el hambre del 2014".

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