Miles de sirios siguen en la cárcel pese a la amnistía

Decenas de miles de personas, entre ellas algunos opositores conocidos, siguen en las cárceles sirias pese a la amnistía general anunciada por el presidente Bashar al Asad hace un mes, denunciaron varios abogados.

Según varios activistas, unas 100.000 personas han sido encarceladas desde que en marzo de 2011 empezó la revuelta contra el gobierno de Asad, que ante la represión derivó en un conflicto armado.

Los servicios de seguridad del Estado tienen probablemente en sus manos a otras 50.000 personas, según las mismas fuentes, que denuncian la aplicación sistemática de torturas y malos tratos, tanto en las cárceles oficiales como en las oficiosas.

El 9 de junio, después de ser reelegido en unos comicios celebrados sólo en las zonas controladas por el régimen, Asad anunció una amnistía sin precedentes, prometiendo la libertad a decenas de miles de presos.

La amnistía debe en principio beneficiar a la mayoría de las personas detenidas en virtud de una ley antiterrorista que ha permitido encarcelar a rebeldes armados y también a militantes pacíficos y a familiares de activistas buscados por las autoridades.

Pero, según los abogados, en junio sólo fueron liberadas entre 1.200 y 1.500 personas, de ellas muy pocos activistas políticos o civiles encarcelados arbitrariamente.

"Parece que la amnistía ha sido decretada con el objetivo de ganar legitimidad. Pero no hay ningún elogio que hacer", denuncia a la AFP Lama Fakih, de la organización Human Rights Watch.

Según Sema Nasar, una militante siria de los derechos humanos, el decreto de amnistía es "una impostura".

"Es absurdo que el decreto haya recibido tanta atención, cuando se compara el reducido número de personas liberadas con el de personas que siguen detenidas", explica.

"Miren por ejemplo el caso de Daraya, cerca de Damasco. Unos 3.000 habitantes de esa ciudad [de talla media] están actualmente en prisión, todos por acusaciones vinculadas con la revuelta. En junio sólo liberaron a 20, entre ellos una mujer", cuenta.

Muchos de los liberados eran comandantes rebeldes o soldados sospechosos de querer unirse a la rebelión.

"No es una amnistía, es una operación militar que quiere incitar a los combatientes a deponer las armas y dejar de luchar contra el gobierno", afirma Sema Nasar.

Además, prosigue Nasar, "hay una falta total de transparencia" en la aplicación de la amnistía, de forma que es difícil saber exactamente quién ha sido liberado.

Entre los opositores más conocidos, de momento sólo han salido libres unos pocos, como Jalal Nawfal, un veterano de la disidencia, y el joven Hazem Waked.

Otros prisioneros políticos, como el periodista Mazen Darwish, el bloguero Husein Ghreir o el militante Hani Zeitani, siguen entre rejas. Los tres están detenidos desde la operación de las fuerzas de seguridad en el Centro Sirio de Medios y Libertad de Expresión en Damasco en febrero de 2012.

"Por otro lado, las operaciones y las campañas de detenciones arbitrarias no han parado, como tampoco han parado las torturas y demás violaciones" de los derechos humanos, abunda Sema Nasar.

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