Democracias establecidas enfrentan año de crisis

MASON, Ohio, EE.UU. (AP). Tras las esperanzas que Occidente manifestó por la llamada "Primavera Arabe", ahora son muchas de las democracias más establecidas del mundo las que se topan con un descontento creciente de la población y situaciones de crisis.

En Gran Bretaña estallaron disturbios que no se habían visto en décadas. Grecia y España soportan una carga paralizante de deuda. En India, una oleada de escándalos de corrupción ha golpeado al país democrático más poblado del mundo, en un momento en que enfrenta problemas crecientes de desnutrición y necesita desesperadamente una reforma de la tenencia de la tierra.

Y el propio presidente estadounidense Barack Obama ha sintetizado la situación actual en su país, donde una economía tambaleante, una deuda inconmensurable y una serie de disputas políticas que suelen rayar en el surrealismo estuvieron a punto de hacer que el país cayera en moratoria.

"El Señor sabe que todavía tenemos un sistema político disfuncional en Washington", dijo Obama en un acto reciente de recaudación de fondos.

Y mientras las protestas populares que buscan derrocar regímenes autoritarios continúan en el Medio Oriente, la disfunción se ha convertido en la norma en buena parte del mundo democrático, donde los gobiernos lidian con bancarrotas, violencia y parálisis política desde Washington hasta Roma, pasando por Nueva Delhi.

La democracia, desde luego, suele ser un asunto de conflictos. Cuando todos tienen la libertad de expresar sus opiniones, la política se vuelve naturalmente una lucha de puntos de vista encontrados.

Pero éste ha sido un año particularmente caótico. Pocos se sorprendieron cuando las protestas degeneraron en violencia en Grecia, donde hay una larga historia de choques callejeros.

Sin embargo, nadie esperaba la erupción extendida de violencia en Gran Bretaña, sin una causa común aparente que aglutinara a los manifestantes y con numerosos saqueos.

En estos días, pareciera que las democracias ofrecen apenas diferencias de matiz respecto de las naciones del mundo árabe, donde los manifestantes exigen libertad.

"Parece que, justo cuando estos países exigen las herramientas de la democracia, nosotros encontramos que están oxidadas y desafiladas en nuestras manos", señaló el diario británico The Guardian.

El año comenzó con protestas que pusieron fin a la dictadura de 23 años del presidente tunecino Zine El Abidine Ben Alí. Días después, cuando la esperanza de lograr cambios de régimen se propagó a Egipto, la Plaza Tahrir comenzó a llenarse de manifestantes, lo que terminó llevando a la caída del presidente Hosni Mubarak. De ahí en adelante, las protestas que exigen libertad se han extendido a Bahrein, Yemen, Libia, Siria e incluso _fugaz y discretamente_ China.

Aunque la lucha contra los regímenes autoritarios continúa en el mundo árabe, las esperanzas iniciales de los primeros meses del año no se han cristalizado. Algunos dictadores _principalmente en Libia, Bahrein y Siria_ han recurrido a una represión directa y brutal para acallar a los opositores. Otros países están empantanados en las disputas políticas.

Pero mientras miles de manifestantes siguen arriesgando su vida para exigir más libertades y participación ciudadana en el Medio Oriente, las democracias más establecidas del mundo lidian con su peor año en una generación entera.

En Occidente "hay un sentimiento de que algo fundamental ha salido mal", dijo Shadi Hamid, director de investigación del Centro Brookings en Doha, Qatar. "Al menos en lugares como Egipto y Túnez, se percibe algo así como que 'todos estamos juntos en esto'".

"Los árabes se han dado cuenta de que no tienen que esperar a que Estados Unidos (u otras potencias hagan posible un cambio)... Ellos son quienes pueden tomar el asunto en sus manos y decir: 'Hemos tenido suficiente, no vamos a esperar más'", añadió.

A la postre, esto podría bastar incluso para transformar la política global, si el resurgimiento del mundo árabe es capaz de desplazar al menos parcialmente a las democracias dominantes en la actualidad.

Aunque algunos actos de violencia ocurrieron en barrios pobres y conflictivos, los acusados en Gran Bretaña incluyen a un graduado universitario, una bailarina adolescente y un estudiante de una población próspera.

En varios lugares del mundo este caso ha derivado en críticas hacia Occidente.

El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, cuyas fuerzas aplastaron un levantamiento prodemocrático ahí hace dos años, convocó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a emprender acciones respecto de los disturbios en Gran Bretaña. Un diplomático sirio comparó las protestas prodemocráticas que han estremecido la dictadura en Damasco con los saqueos en las ciudades británicas.

En Malasia, donde la policía respondió con gases lacrimógenos, cañones de agua y más de 1.600 arrestos a una manifestación reciente que exigía una reforma electoral, un alto funcionario de seguridad consideró que lo ocurrido en Gran Bretaña reivindica en cierto modo a las autoridades asiáticas.

Los disturbios en Gran Bretaña fueron "pesadillas que tratamos de evitar y prevenir con todas nuestras fuerzas", dijo el subjefe de la policía nacional malaya Jalid Abu Bakar, en un comunicado. "Oramos a Dios por ser capaces de evitar que estas escenas atemorizantes y trágicas surjan aquí, en nuestro amado país".

Entonces, ¿por qué el contraste? ¿Por qué las democracias en países ricos lidian con múltiples problemas, mientras que algunos de los pueblos más reprimidos del mundo desafían en forma temeraria a algunos de los líderes más despóticos?

Quizás es porque esas democracias acaudaladas no tienen ya tanta riqueza.

Los últimos dos años han expuesto muchos de los pecados financieros de Occidente. Los préstamos excesivos, la laxa supervisión gubernamental, los déficit presupuestarios ocultos.

Estados Unidos parecía una potencia financiera indoblegable hace unos pocos años. Hoy, los economistas esperan el día en que sea eclipsado por China.

Empero, sería muy pronto para anunciar la llegada de la democracia en el mundo árabe o para lamentar las condiciones deplorables en Occidente.

"Los países democráticos _y esto incluye a Israel_ han tenido problemas políticos graves", dijo Slomo Avineri, profesor de ciencias políticas y ex funcionario de la cancillería israelí. "Pero estas naciones no tienen problemas relacionados con su democracia. La democracia consiste en atender esos problemas sin violencia y en que haya gobiernos responsables ante el electorado".

Así, aunque las democracias establecidas tienen sus problemas _sus disturbios, sus deudas, sus disputas políticas_ al menos tienen la democracia misma.

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Tim Sullivan en Nueva Delhi; Ami Teibel en Jerusalén, y Adam Schreck en Dubai contribuyeron con este despacho.

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