Derrumbe en Río hace sonar alarmas

RIO DE JANEIRO (AP). El súbito derrumbe de edificios mata a 17 personas en esta ciudad olímpica. Un alcantarillado explota y quema de gravedad a un par de turistas estadounidenses.

Otra explosión destruye un restaurante céntrico y hace volar por el aire a tres trabajadores. Un tranvía que es una de las principales atracciones para los turistas se descarrila, matando a cinco personas e hiriendo a decenas. Un turista francés muere al caerse de uno de esos tranvías porque había un agujero en un cerco a lo largo de la vía.

Estos accidentes ocurridos en el último año resaltan los peligros que enfrentan cotidianamente los residentes de esta ciudad de seis millones de habitantes y generan interrogantes acerca de si Río está realmente en condiciones de albergar la final de la Copa Mundial de fútbol del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016.

El alcalde de Río Eduardo Paes afirma que el derrumbe de un edificio ocurrido la semana pasada y otros problemas de infraestructura no tienen nada que ver con los preparativos para el Mundial ni los Olímpicos porque no se produjeron en sectores relacionados con esas justas.

Hay quienes opinan, no obstante, que la seguidilla de accidentes mortales en el centro de la ciudad reflejan problemas más grandes: décadas de abandono, en las que no hubo planificación urbana alguna, escaseó la supervisión e imperó una corrupción institucionalizada, elementos estos que podrían combinarse para que el Mundial o los Juegos Olímpicos resulten un desastre.

Con sus hermosas playas, sus calles llenas de palmas y sus rocas cubiertas de vegetación tropical, Río es una ciudad digna de una postal. Pero detrás de esa fachada uno encuentra una infraestructura carcomida que se extiende mucho más allá de las favelas que se amontonan en las laderas de las montañas que rodean la ciudad.

Vetustas tuberías de gas natural recorren la red subrerránea de suministro de energía eléctrica, una mezcla explosiva que explica una ola de estallidos de alcantarillados en el último año, incluido el que se produjo esta semana.

Una lluvia moderada --y Río es una ciudad donde caen lluvias torrenciales-- puede convertir calles en ríos, incluso en los alrededores del estadio Maracaná, la gran joya de la Copa Mundial y donde tendrá lugar la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos.

Por si eso no bastase, hay más de 1.500 edificios abandonados en Río, muchos de ellos en estado decrépito, según un reciente informe del semanario Veja, que cita a autoridades municipales.

El dramático derrumbe de un edificio de oficinas de 20 pisos el miércoles pasado alimentó las dudas en torno a la capacidad de Río de montar los dos eventos deportivos más grandes del mundo. Las fotos de la tragedia ilustraron las primeras planas de diarios y portales en todo el mundo. Se recuperaron los cadáveres de 17 personas y todavía hay tres desaparecidas, pero la cifra de muertos pudo haber sido mucho mayor si la tragedia hubiese ocurrido en horas laborales y no de noche.

Las autoridades están investigando las causas del derrumbe, que derribó dos edificios colindantes, y dicen que probablemente fue causado por violaciones a las normas de construcción.

"Uno no concibe que esto suceda en los distritos financieros de Nueva York, París o incluso Beijing", declaró Christopher Gaffney, académico estadounidense que está dictando clases en la facultad de arquitectura y planificación urbana de la Universidad Federal Fluminense de la vecina localidad de Niteroi. Gaffney está estudiando los preparativos para el Mundial y los Juegos Olímpicos.

"En Río la estructura de ingeniería no es el problema", expresó Gaffney. "El problema es la mala administración de la ciudad. Es un sistema totalmente desregulado, que es lo que causa los problemas" como explosiones de alcantarillados, descarrilamientos de tranvías y derrumbe de edificios.

La dejadez de las autoridades de Río se remonta a la era colonial y es parte del legado de los colonos portugueses, muy dados a la burocracia, afirmó Gaffney. Los códigos edilicios están tan llenos de regulaciones que sería imposible para una compañía de construcción respetarlos cabalmente. Es por ello que, en la práctica, nadie les presta atención.

En los días que pasaron desde el derrumbe de los edificios, las autoridades de Río recibieron información de otros 100 edificios en los que se violaron las normas de construcción, según medios locales.

"No hay controles de la municipalidad. Se supone que hay, pero en la práctica no se hace nada. Así funcionaron las cosas por siglos", declaró Gaffney. "Con la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos en el horizonte, ¿qué haces para dar la impresión de que todo funciona? ¿Cómo haces para traer millones de personas a un sistema tan enormemente frágil".

La FIFA, organizadora del Mundial, parece estar haciéndose la misma pregunta.

El organismo rector del fútbol ha criticado repetidamente a Brasil por las demoras en las obras para la justa del 2014, y ni qué hablar de la Copa Confederaciones del 2013, que sirve de ensayo. No se ha completado la construcción ni la remodelación de ninguno de los 12 estadios a ser usados y las huelgas de los trabajadores por disputas salariales agravan las demoras.

Las 12 ciudades sede están a miles de kilómetros de distancia, en distintos rincones de esta gigantesca nación, y los deficientes aeropuertos de Brasil no han sido renovados tampoco, como pide la FIFA.

La exasperación del organismo con Brasil es tal que la prensa local informa que su secretario general Jerome Valcke había amenazado con quitarle la sede a Brasil.

Los derrumbes de la semana pasada podrían tener un efecto positivo y generar una mayor transparencia en la burocracia y mayor control por parte de las autoridades.

"El miércoles a la noche se puso nuevamente en evidencia que las autoridades saben cómo responder a emergencias", dijo un editorial del diario de Río O Globo al día siguiente de la tragedia. "Lo que falta es acción preventiva, no solo para proteger al público sino también para educarlo para que respete las normas".

La prensa brasileña descartó que la ola de tragedias sea un mal presagio para las justas deportivas que se avecinan.

"Una cosa no tiene nada que ver con la otra", dijo un editorial de la edición digital de Jornal do Brasil. "Lamentablemente, los accidentes como estos se dan en cualquier país".

"A pesar de las críticas y de los malos agüeros para Río", agregó, "la ciudad deslumbrará al mundo, como hace siempre".

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