Derrumbe de escuela haitiana dejó víctimas, dolor y luto

PETIONVILLE, Haití(AP). Desde la terraza de su casa, Janita Geneus podría ver claramente los restos de la escuela donde su hija murió aplastada junto con por lo menos 93 de sus compañeros y maestros cuando se derrumbó el edificio. Pero no ha querido mirar los escombros ni una sola vez.

La mujer de 48 años apenas se ha movido de un colchón escuálido en la sala desde que la escuela se desplomó durante una fiesta el viernes. Casi no puede hablar y se niega a unirse a otros miles de personas que observan a los rescatistas hurgar entre los escombros para extraer los cadáveres.

Los rescatistas anunciaron el lunes que no esperaban encontrar más sobrevivientes.

Pilas de mochilas y cuadernos yacían dispersos entre los restos polvorientos de lo que fue una escuela de tres pisos. Una página de una tarea en inglés hallada debajo de un trozo de granito dice "Trabajo mucho. Estudio mis lecciones. Me baño".

Geneus estaba en la iglesia el viernes cuando su marido llegó a toda velocidad en una motocicleta para decirle que el Colegio La Promesse se había derrumbado con tres de sus cinco hijos en su interior. Eleazar, de 9 años, y Mika, de 16, sobrevivieron con heridas graves. Ketura, de 12 años, murió.

"A ella no le gustaba esa escuela pero yo no podía pagarle otra", dijo Geneus en un susurro. "La perdímos (a Ketura) porque no tenemos dinero".

El barrio pobre de Nerette, un laberinto de chozas en una colina debajo del acaudalado suburbio de Petionville, ha sido presa del pánico desde el desastre. Más de 150 personas resultaron heridas y dos casas debajo de la escuela quedaron destruidas.

Desde hacía tiempo los residentes se quejaban de que el edificio era inseguro, y los vecinos que viven colina abajo han tratado de vender sus viviendas desde que parte de la escuela se derrumbó hace ocho años.

Ahora el barrio está de duelo.

Amigos y familiares vestidos con el blanco de luto descendieron por una escalera construida en la escarpada colina para visitar la casa donde Geneus y su familia viven desde hace 21 años. Algunos llevaban limas para contrarrestar el hedor de los cadáveres todavía atrapados entre los escombros.

Recuerdan a Ketura como una niñita vivaz y parlanchina a la que le encantaba la música gospel y que estudiaba historia haitiana. Lucía trenzas y en las fotos que colocaron a su lado sonríe con tímida coquetería.

Sus padres, ambos desempleados, se ingeniaron para pagar la matrícula anual de 212 dólares para cada uno de sus hijos en la escuela, pero Ketura se quejaba de que los maestros no eran competentes.

"Su padre le prometió que iría a otra escuela el año próximo", dijo su madre.

Las autoridades no han podido determinar con certeza cuántos estudiantes había en el edificio cuando se vino abajo, pero la escuela protestante tenía unos 500 alumnos que acudían con regularidad.

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