División hondureña es palpable en poblado de Zelaya

LEPAGUARE, Honduras (AP). Luis Pérez votó por el presidente hondureño Manuel Zelaya en el 2005. Ahora lamenta haberlo hecho.

El ingeniero agrónomo de 46 años parecía un partidario a toda prueba del mandatario. Vive calle abajo de la hacienda de la familia de los padres de Zelaya en esta región donde se cultiva maíz, en la provincia oriental de Olancho. Sin embargo, comenzó a pensar que su vecino estaba llevando al país por un rumbo peligroso.

"Los hondureños no se sienten a gusto con la extrema izquierda. Hasta ahora, incluso los pobres sólo quieren que se vaya", dijo Pérez. "A gente como Mel también le tienen miedo".Zelaya _conocido como "Mel" tanto por sus amigos como por sus enemigos_ fue obligado por los militares a salir de su casa presidencial a punta de pistola en Tegucigalpa y colocado en un avión que lo llevó al exilio el 28 de junio. La Organización de los Estados Americanos, las Naciones Unidas y jefes de Estado de todo el mundo han exigido que el gobierno nombrado de Honduras reinstale en el puesto al líder elegido democráticamente, al que sólo le quedaban seis meses en su período de gobierno.

Lo que a la comunidad internacional le parece evidente no es tan sencillo para los hondureños, que están divididos en torno a la cuestión de si Zelaya debería regresar al poder o no.

"Hay mucha gente que lo apoya pero también hay mucha gente que está en su contra", dijo Julio Lazo, un policía a cargo de vigilar un retén en un camino colocado cerca de la hacienda de Zelaya.

Lepaguare, donde los perros duermen bajo polvosos árboles de mango y con caminos por los que circulan más vacas y caballos que automóviles, refleja la particular forma que tienen los hondureños de ver el mundo.

Aunque durante gran parte del siglo pasado el país fue gobernado por dictaduras militares, no sufrió el tipo de brutalidad aplicada por dictadores en los vecinos El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Honduras tuvo una transición pacífica a un gobierno civil, y adoptó una Constitución democrática en 1982 incluso mientras sus vecinos estaban enfrascados en sangrientas guerras civiles.

Olancho, fronterizo con Nicaragua, fungió como una área crucial para el lanzamiento de las operaciones de los contras respaldados por Estados Unidos que combatían al gobierno Sandinista en la década de 1980. Una de las matanzas de izquierdistas más tristemente famosas en el país, en la cual también perdió la vida un sacerdote estadounidense, ocurrió en la hacienda de la familia Zelaya en 1975.

Aunque la presidencia de Zelaya trajo electricidad a más viviendas y una nueva escuela a su poblado natal, su apasionada retórica y vínculos cada vez más cercanos con la nueva izquierda de Latinoamérica _encabezada por el presidente venezolano Hugo Chávez_ invocaron para muchos los fantasmas de las insurgencias de guerrillas izquierdistas.

En los últimos años, Zelaya comenzó a infundir más vehemencia a sus discursos, colocándose como un defensor de la clase trabajadora.

"Los problemas en Nicaragua, las guerrillas, aquí eso no se toleraba", dijo Pérez. "En la actualidad la gente aún le teme a eso".

Los soldados derrocaron a Zelaya el mismo día que intentó llevar a cabo un referendo que según sus críticos le habría permitido modificar la cláusula constitucional que limita a los presidentes a un sólo período de cuatro años. El procurador de justicia y la Corte Suprema impidieron la votación, bajo el argumento de que sería ilegal.

El ejército lo derrocó justo cuando iba a empezar el referendo, y horas después el Congreso votó para reemplazar a Zelaya con el presidente de la legislatura, Roberto Micheletti.

"La familia siempre fue respetada", dijo Lazo. "Pero todas las cosas que (Zelaya) quería hacer con ese referendo, era como si hubiera estado siendo empujado por algo, empujado hacia la izquierda".

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