EEUU, Canadá y OEA guardan silencio ante cumbre de la CELAC

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Washington (EFE). EEUU, al igual que Canadá y la OEA, guarda silencio ante la creación la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), pero según los analistas no es un síntoma de preocupación, pues el país apuesta desde hace tiempo por el bilateralismo en sus relaciones regionales.

La Organización de Estados Americanos (OEA), a la que el presidente venezolano, Hugo Chávez, quisiera reemplazar por la CELAC según ha expresado en varias ocasiones, declinó la petición de Efe de pronunciarse al respecto del nuevo órgano que se constituirá formalmente en una cumbre en Caracas, el 2 y 3 de diciembre.

El Departamento de Estado de Estados Unidos y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Canadá, países que quedan al margen del nuevo foro de 33 naciones americanas, tampoco respondieron a las solicitudes de Efe antes del inicio de la cumbre.

No obstante, resulta improbable que Estados Unidos "pierda el sueño" por no formar parte del nuevo instrumento regional, según dijo a Efe el experto Kevin Zamora-Casas, director de la Iniciativa para Latinoamérica del centro de estudios Brookings.

El caso de la CELAC es un nuevo revés que se suma a otros acumulados por Washington en los últimos años a nivel multilateral en el continente, recordó el analista.

Uno de los más sonados se produjo en 2005, cuando el entonces presidente George W. Bush fracasó en su intento de instaurar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) por la dura oposición del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y de Venezuela.

"¿Qué hizo entonces Estados Unidos? Hacer lo mismo bilateralmente", indicó Casas-Zamora, en referencia a los Tratados de Libre Comercio firmados con Colombia, Chile, Perú y Panamá.

Para el experto, la necesidad que tenía Estados Unidos de mantener a los países de la región organizados, como ocurre en el contexto de la OEA, dejó de existir cuando desapareció el paradigma que le caracterizaba en la Guerra Fría, el de "líder del mundo libre".

"Estados Unidos tiene claro que su interacción con la región ya no necesita un instrumento hemisférico de manera tan clara como antes", aseguró.

Si la prioridad de Washington en México y Centroamérica es mantener la seguridad y controlar la inmigración, de Brasil le interesa la cooperación comercial y energética, lo que explica que en los últimos años haya tendido a dar prioridad a los intercambios bilaterales frente a los multilaterales.

En ese contexto, la OEA se encuentra "huérfana" del apoyo estadounidense, además de aquejada de "problemas serios, de presupuesto, de imagen e incluso de legitimidad", opinó Casas-Zamora.

Sin embargo, y a diferencia tanto de la CELAC como de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la OEA "está sustentada en tratados internacionales, lo que hace más complicado que los países puedan abandonarla", apuntó.

Además, sus tareas en áreas como la "observación electoral, derechos humanos y armonización legislativa" le conceden un valor añadido para muchos países, y todas esas tareas son posibles en gran parte gracias a la financiación de Estados Unidos.

El problema del presupuesto es, de acuerdo con el experto, una de las mayores trabas a las que tendrá que enfrentarse la Celac.

Sin Estados Unidos ni Canadá, Brasil parece el candidato más potente para cargar con el peso económico de la nueva estructura, pero su cancillería tiene como prioridad principal la Unasur y no está claro que quiera asumir ese papel, señaló Casas-Zamora.

En cambio, para Richard Feinberg, un experto de Brookings que fue asesor del presidente Bill Clinton, el verdadero obstáculo estará en la "profunda división entre los países latinoamericanos", que, lejos de desaparecer , "se hará más aparente" en el contexto de la CELAC.

Latinoamérica ha tenido una aspiración de unidad política desde los tiempos de Simón Bolivar, pero hoy se encuentra "más lejos que nunca de esa visión", aseguró a Efe Feinberg, que atribuye esas divisiones a "las acciones deliberadas de Hugo Chávez".

En cualquier caso, la creación de una nueva estructura política que no cuente con la voz de Estados Unidos es un nuevo argumento para los múltiples críticos de la política continental del Gobierno de Barack Obama, al que tanto republicanos como demócratas del Congreso han acusado de no estar a la altura de los retos.

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