EU respira con alivio; siente que se cierra un capítulo

EU ( AP). Al escuchar las noticias, al leer comentarios en internet, al consultar la opinión popular un día después de la muerte de Osama bin Laden, es inevitable escuchar alguna variante de una palabra muy reveladora: "alivio".

Así se ha sentido la desaparición de bin Laden, como el capítulo final de una historia que para la mayoría de los estadounidenses comenzó en el este de su país el 11 de septiembre del 2001 y concluyó en Pakistán en la madrugada del 2 de mayo de 2011.

Mientras los estadounidenses celebraban la liquidación del enemigo público número uno, el ánimo prevaleciente era previsible para la cultura que produjo Hollywood: después de tantos años de incertidumbre y agravio sin resolución sobrevino un final coherente.

Basta escuchar al representante republicano Peter King para quien los familiares de las víctimas del 2001 "finalmente pueden tener cierto sentido de alivio y cierto sentido de justicia".

O Mike Low, residente de Batesville, Arkansas, madre de una azafata que murió en el vuelo 11 de American Airlines: "Por cierto pone fin a una agraviante preocupación de todos nosotros".

O Lisa Ramasci, que celebraba el lunes por la madrugada en las calles de Nueva York: "Tuvimos 10 años de frustración creciente aguardando la muerte de este individuo y ahora ocurrió".

Por cierto, la liquidación de un individuo no compensa los años de dolor de los sobrevivientes, pero el apetito de los estadounidenses por conclusiones definitivas, estilo Hollywood, es voraz, hasta el punto en que la irritación crece si algo parece no tener un cierre.

La cultura de la resolución, tan frustrante para los políticos y otros líderes, produce un apetito por un cierre de telón que muchas veces es difícil de satisfacer.

Si a eso se añaden las secuelas de los ataques terroristas y dos guerras prolongadas sin fin a la vista, se explican las reacciones de alivio y alegría por la conclusión de un capítulo.

En parte se debe a la naturaleza de las guerras estadounidenses en las últimas décadas. Actualmente es tan probable librar batallas contra enemigos amorfos que contra naciones. A causa de eso los conflictos tienden a carecer de finales concretos o rendiciones oficiales.

No hubo nada parecido a un Tratado de Versailles con Saddam Hussein y por cierto nadie espera celebrar un Día de la Victoria con al-Qaida, como en la Segunda Guerra Mundial. En los conflictos modernos ya no suele haber un final solemne e identificable. Por eso, un jalón importante como la muerte de bin Laden es para Estados Unidos una causa de alegría, alivio o consuelo, en un conflicto frustrante que nunca se acaba. El senador demócrata Charles Schumer advirtió que "la guerra contra el terrorismo no ha terminado".

Sin embargo, también hay otro factor en juego. Bin Laden mismo era lo más cercano a un supervillano como los que enfrentaba James Bond en la ficción: alguien que representaba el mal para cientos de millones de occidentales.

Owen Gleiberman, en un artículo para el cibersitio de Entertainment Weekly, escribió que "es indudable que el 11 de septiembre lo hemos sentido como una gigantesca película y en parte no se debió sencillamente al espectáculo vasto y terrible de la tragedia, sino que detrás se ocultaba un villano de proporciones casi mitológicas".

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