Ejército hondureño respalda negociación en Costa Rica

TEGUCIGALPA (AP). El ejército hondureño aseguró que respalda el proceso de negociación que se lleva a cabo en Costa Rica, una medida considerada por un analista como una respuesta a las acusaciones del depuesto presidente Manuel Zelaya.

"Esa declaración es innecesaria toda vez que el ejército está sometido al poder civil, quizá es una respuesta a Zelaya para que entienda que ellos no tienen nada que hablar con él", dijo ayer domingo a The Associated Press el analista político hondureño Juan Ramón Martínez.

El comunicado del ejército indica que las fuerzas armadas "como institución, respaldamos una solución a la problemática que atraviesa nuestro país, mediante un proceso de negociación en el marco del Acuerdo de San José".

El viernes, tras cruzar brevemente la frontera entre Nicaragua y Honduras, el depuesto presidente dijo que el gobierno de facto se sostiene por obra del apoyo de las fuerzas armadas que "han traicionado al pueblo hondureño... sus oficiales tienen que rectificar", dijo a periodistas.

En su comunicado, el ejército añadió, "reiteramos nuestro apoyo irrestricto a los resultados de la (negociación en Costa Rica), conforme a nuestra Constitución y demás leyes".

El 28 de junio, un comando de militares irrumpió en casa de Zelaya, le detuvo y lo transportó a Costa Rica.

El depuesto mandatario pidió el domingo "a los presidentes de Centroamérica y América Latina y a la Secretaria de Estado (Hillary) Clinton que enfrenten a la dictadura y a la represión con fuerza... que dejen de evadir el tema".

Zelaya declaró fracasado el diálogo la semana pasada tras la negativa del gobierno de facto de reinstalarlo en el puesto. Sin embargo, el viernes aseguró que permanece abierto a una solución diplomática y está previsto que viaje el martes a Washington para entrevistarse con funcionarios del departamento de estado de ese país.

En tanto que el gobierno del presidente de facto Roberto Micheletti dijo que recibió "con vivo interés" la propuesta de Arias.

El gobierno de facto asegura que se trata de un relevo constitucional, mientras que la mayor parte de naciones occidentales lo calificó como un golpe de estado.

Desde entonces han ocurrido una serie de protestas populares, que alcanzaron sus puntos más altos cuando el derrocado presidente intentó ingresar al país. La última vez, el viernes pasado.

Ese día, la Cruz Roja hondureña reporta que atendió cuatro heridos leves en la zona de la frontera. Además, en un hospital cercano se admitió a una persona con una herida de bala en la oreja.

Cientos de simpatizantes de Zelaya permanecen en distintos puntos de la carretera entre Tegucigalpa y la frontera desde entonces.

Zelaya instaló el domingo un campamento de su gobierno exiliado en el poblado nicaragüense de Ocotal, frente a la frontera hondureña. Tras semanas de vuelos entre América Central y Washington, Zelaya dijo que no tenía planes de abandonar la región fronteriza por lo menos en una semana, pese a que un portavoz del Departamento de Estado nortemericano dijo que el presidente derrocado llegaría el martes a la capital estadounidense para reanudar las negociaciones con quienes lo depusieron.

"Si alguien quiere hablar conmigo que venga aquí a Ocotal, aquí puedo atenderlo", dijo Zelaya, quien atrajo a una multitud de simpatizantes y curiosos de este poblado de 35.000 habitantes, a 25 kilómetros de la frontera.

Ya tarde la noche del domingo, Zelaya dijo a reporteros y partidarios reunidos en Ocotal que esta semana de su vida es para ocuparse del pueblo hondureño.

Zelaya citó el comunicado reciente en el sitio de internet del ejército hondureño como evidencia de una división entre las fuerzas armadas y el gobierno de facto.

El comunicado reafirma la subordinación militar a las autoridades civiles. Pero también manifiesta apoyo a una solución a la crisis política de la nación a través de un acuerdo logrado a través de la mediación internacional que fue rechazado por el gobierno civil, el cual propuso reinstalar a Zelaya a través de un acuerdo para compartir el poder.

Zelaya dijo que el comunicado del ejército señala claramente que existen dos Estados: un Estado civil y un Estado Militar. Zelaya, quien ha realizado constantes llamados públicos al ejército para que desobedezca al gobierno de facto, agregó que existe una rebelión interna entre ellos.

Un par de adolescentes en una bicicleta, cafeticultores de edad avanzada, un limpiabotas, una joven madre y muchos niños se reunieron el domingo para ver al político, cuya imagen con sombrero vaquero ha dado la vuelta al mundo.

Algunos se mostraron encantados por su presencia.

"Yo lo vi muy guapo... Bien guapísimo, decente", dijo Nimia Salunas Inestrosa, comerciante de 23 años.

Pero su presencia amenazaba también con dividir aún más a los nicaragüenses. Esta ciudad, donde hay sólo dos semáforos, pasó muchas penurias durante la décad ade 1980, cuando los contras apoyados por Estados Unidos atacaron al gobierno sandinista.

El Partido Liberal Constitucionalista (PLC), hizo el domingo un llamado a Zelaya, "a la prudencia y a no abusar de la hospitalidad que Nicaragua le ha brindado".

En un comunicado, el partido opositor al gobierno sandinista consideró que las acciones de Zelaya en territorio nicaragüense "representan una amenaza para la paz, la tranquilidad y los lazos de amistad entre dos pueblos hermanos".Por su parte del diputado del PLC, José Pallais, y Presidente de la Comisión de Justicia de la Asamblea Nacional expresó que ha habido "un involucramiento desmedido del presidente (nicaragüense, Daniel) Ortega en la crisis hondureña."

En tanto, la Cruz Roja Hondureña envió un camión con víveres y agua recolectados por simpatizantes de Zelaya hacia los puntos de bloqueo para aliviar la situación de los manifestantes.

"Es una acción humanitaria, coordinamos con el ejército, la policía y los manifestantes para llevar la ayuda y nos permitan pasar", dijo a la AP José Castro, de la Cruz Roja Hondureña.

El domingo fue enterrado un activista muerto entre el viernes y el sábado a pocos metros de donde fueron las protestas cerca de la frontera.

La familia dice que antes de ser torturado y asesinado, había sido capturado por el ejército. Las fuerzas armadas negaron los hechos.

Durante el sepelio, simpatizantes de Zelaya identificaron al menos a dos policías encubiertos a quienes detuvieron, golpearon y se llevaron con rumbo desconocido. Posteriormente quemaron el vehículo en que éstos se transportaban.

Daniel Molina, vocero de la policía, dijo no tener información de inmediato sobre ese hecho.

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