Estudiantes demandan fortalecer educación pública

Grupos de encapuchados irrumpieron el martes en medio de una marcha pacífica de estudiantes que protestaban por la reforma educacional del gobierno, y se enfrentaron con la policía antimotines y protagonizaron actos vandálicos.

Cuando decenas de miles de jóvenes concluían una caminata de unas 25 cuadras para criticar los proyectos de Bachelet, que pone una lápida a la educación pública, según ellos, jóvenes adolescentes que se enmascararon empezaron a provocar a la policía, provocando un caos en la principal avenida de la ciudad y en calles aledañas.

La policía dispersó a los encapuchados con chorros de agua, pero éstos se volvían a reorganizar para enfrentarse con los agentes antidisturbios.

Los encapuchados, muchos de los cuales se declaran anarquistas, destruyeron señales de tránsito, paraderos de la locomoción pública y atacaron locales comerciales cerrados.

A media tarde continuaban algunas escaramuzas, por lo que de momento aún no hay cifras de detenidos o heridos.

La protesta fue convocada por líderes secundarios y universitarios y participaron unos 80.000 estudiantes, según los organizadores, y unos 20.000, según la policía.

" Hay más bien tres proyectos que nos preocupan, porque el fin del copago (pago compartido entre padres y Estado) significa terminar de matar la educación pública, porque sigue concesionando y sigue favoreciendo al sistema particular subvencionado", dijo Melissa Sepúlveda, presidenta de los estudiantes de la Universidad de Chile y vocera de los universitarios.

Sepúlveda aludió a tres proyectos firmados por la presidenta Michelle Bachelet en mayo, que buscan terminar con las pruebas de selección de los alumnos para ingresar a una escuela, con la subvención económica que deben aportar los padres y con el lucro de los administradores de los colegios.

" La salida del mercado de la educación es la demanda central del movimiento estudiantil", enfatizó Sepúlveda.

Los estudiantes también critican que los proyectos de Bachelet no se ocupan de la calidad de la educación, que también varía según el poder adquisitivo de los padres.

La educación chilena es absolutamente clasista y la entrada a un colegio depende de los ingresos familiares: los más ricos pagan escuelas particulares; la clase media, los colegios mantenidos por una subvención estatal y otra de los padres, y lo más pobres deben asistir a establecimientos municipales, cuya enseñanza generalmente es de mala calidad.

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