Ex rehén dice que militares lo confundieron con borracho

BOGOTA (AP). Oscar Tulio Lizcano no paró de gritar, pero militares al otro lado de un río no le prestaban atención. Confundieron al fugado de la guerrilla con un borracho.

Sólo cuando levantó un fusil que llevaba su acompañante rebelde, quien además le sostenía al caminar, los militares cambiaron de actitud, y de inmediato cruzaron el río a nado y le reconocieron.

Así narró el dramático episodio el propio Lizcano en una entrevista telefónica el lunes con la AP refiriéndose a los últimos momentos antes de quedar libre tras ocho años de cautiverio en manos de las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Lizcano, de 62 años, dijo que su carcelero y jefe de la unidad guerrillera que lo había tenido retenido, Wilson Bueno Largo, alias "Isaza" o "Isaías", de 28 años, decidió fugarse con él y lo hicieron una noche tres días antes del encuentro el domingo temprano con un puesto móvil del ejército en el departamento de Chocó, en el oeste del país.

Desde Chocó, los militares trasladaron en helicóptero a Lizcano a la ciudad de Cali, a unos 300 kilómetros al suroeste de Bogotá, donde estaba el presidente Alvaro Uribe y otras autoridades por un acto ya previsto con indígenas.

En la fuga "la jornada fue muy intensa, muy larga; tres noches caminando por entre la selva, en el Chocó, que eso es muy inhóspito", dijo Lizcano con voz débil desde una clínica en Cali donde ingresó el domingo para ser sometido a pruebas médicas.

Temprano el domingo llegaron a la orilla de un río, el Tamaná, que "había que pasarlo en canoa, era muy caudaloso y el ejército estaba del otro lado del río...Entonces empecé a gritar, a gritar, ahí en la orilla del río: !ejército!, !ejército!, y levantaba las manos".

Los militares no le prestaron atención a aquel hombre sucio, barbado que además se sostenía del hombro de otro y que pensaron que era un ebrio, dijo.

"Arrastrando los pies, venía abrazándome de él (el guerrillero) entonces finalmente tomé la decisión de coger el fusil de él y levantarlo. Ahí mismo (los militares) se vinieron al ver el fusil, se vinieron, se tiraron al río, entonces empecé a gritar que yo era Lizcano, entonces ya tomaron conciencia" para ayudarle.

Con días de mala alimentación, los pies hinchados "llegó un momento que le dije (al guerrillero), 'no soy capaz (de continuar caminando) sálvese usted'...él me dijo 'no, no, de ninguna manera, yo quiero salir con usted'".

A Isaza le "estoy inmensamente agradecido...me cogía de las dos manos, casi que me arrastraba" por el camino, dijo el ex rehén asegurando que tiempo atrás, mucho antes de la fuga, el rebelde le había comentado que, como congresista, Lizcano había ayudado en los 90 a su empobrecida familia a conseguir una vivienda.

Lo de la ayuda a su familia "es cierto, pero no quería mencionarlo porque eso es una cosa independiente de todo", indicó. Isaza "ha vivido muy marginalmente, pero ante todo, eso lo habíamos comentado un tiempo atrás, yo no veía ahí ningún interés y él lo que ante todo lo motivó (para la fuga) fue mi estado de salud. El me dijo 'usted se va morir aquí, yo lo voy a sacar, poniendo en riesgo la vida mía'".

En la víspera, poco después de estar en libertad, el ex rehén se disculpó públicamente ante autoridades y reporteros por sus palabras lentas y quizás incoherentes porque dijo que durante todo su cautiverio estuvo solo, sin otros rehenes, y con prohibición de hablar con guerrilleros.

"Me encontraba en esa soledad, tuve la idea de enterrar palos...les puse nombres de los que fueron mis alumnos y les dictaba clase...de historia, yo las preparaba, (también sobre temas como) la Primera Guerra Mundial, anécdotas de (Simón) Bolívar y de filosofía", dijo Lizcano, secuestrado el 5 de agosto del 2000.

Al aterrizar desde su cautiverio en una base aérea militar en Cali, Lizcano apareció demacrado, de barba blanca, con una camiseta negra sucia de barro, pantalones oscuros, rotos y embarrados, con dificultades para caminar, apoyándose en el hombro y tomando por el brazo al ministro de Defensa, Juan Manuel Santos.

La clínica Fundación Valle del Lili donde se encuentra emitió el lunes un breve comunicado indicando que Lizcano presenta anemia, signos de mal nutrición e infecciones parasitarias, que no detalló, pero que el resto de sus funciones cardiovasculares, respiratorias y neurológicas son normales. No indicó cuándo sería dado de alta.

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