Ex rehenes narran vivencias y animan cautivos que quedan

BOGOTA (AP). Los cuatro policías rescatados por las fuerzas militares narraron el domingo, en un popular programa radial dedicado a rehenes de las FARC y sus familiares, algunas penalidades que vivieron en las selvas colombianas y enviaron mensajes de ánimo a otros uniformados que quedaron en cautiverio de esa guerrilla.

El espacio "Las voces del secuestro", que transmite cada domingo desde Bogotá la emisora radio Caracol, estuvo cargado de emotividad y desgarradoras historias.

La ex candidata presidencial Ingrid Betancourt también llamó desde París para participar en el programa y saludar a quienes continúan secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Después de escuchar a lo largo de una década los saludos y mensajes que desde "Las voces del secuestro" le enviaban, el cabo de la policía John Jairo Durán, uno de los 15 rescatados el miércoles, fue uno de los locutores del programa.

"Hermanos secuestrados: con los que nos pasó a nosotros queda más que demostrado que Dios sí existe, que siempre estuvo con nosotros y que está con ustedes. Por eso no desfallezcan. Ofrézcanle a Dios todas las humillaciones que reciben. No se dejen ganar de la tristeza", dijo el policía de 35 años.

El programa constituye uno de los canales por medio de los que los rehenes logran estar al tanto de sus familias, pues la radio es el único medio de comunicación que llega a las inhóspitas selvas y los guerrilleros les permiten escucharlos.

En medio de llanto, Durán narró durante 30 minutos episodios de su cautiverio, la mayoría de los cuales evocaron la muerte el 20 de enero de 2006 de su comandante y amigo, capitán Julián Ernesto Guevara a quien conoció en una de las largas caminatas a la que los obligaban las FARC.

El cabo relató que luego de la que denominó "caminata de la muerte", Guevara tuvo una enfermedad de la nunca se recuperó.

"Sus huesos estaban forrados por la piel. Era un cadáver. Entonces yo lo alimentaba, lo bañaba, lo afeitaba... cuando tenía que hacer sus necesidades (fisiológicas), yo lo montaba a mi espalda, como jugando al caballito", narró el cabo al recordar los días finales de Guevara.

El policía dijo que le exigía a los guerrilleros que llevaran un médico para atender a su compañero, pero sólo permitieron que una enfermera le tomara una muestra de sangre a Guevara, con la que supuestamente le diagnosticó paludismo, aunque la refutó porque los síntomas no le parecieron característicos.

"Entonces la mujer (enfermera) dijo que por si de pronto le servían, le iba a recetar unas pastillas todas raras y varias inyecciones de benzetazil (un antibiótico)... es que en la selva uno no tiene derecho ni a enfermarse. Yo empecé a aplicarle las inyecciones y cuando lo hacía, él ya no se ponía pálido sino verde", refirió Durán.

Al amanecer del 16 del enero, Durán llamó a Guevara y éste no respondió. El policía le pidió a los guerrilleros que le quitaran las cadenas con las que los obligaban a dormir, pero entonces un guerrillero se acercó y "me dijo que (Guevara) estaba muerto".

"Estaba tieso. Empecé a moverle los brazos y las piernas para que no se viera tan mal. También le acomodé la cara y le cerré los ojos... le pedí a los guerrilleros que me dejaran enterrarlo y me contestaron: 'eso si no se va a poder'; y se lo llevaron", recordó. La familia de Guevara han exigido desde que supieron de su muerte la entrega del cadáver, pero no lo han conseguido.

Dos funcionarios ayudaron a Durán a salir de la cabina de radio debido a que terminó sumido en un incontrolable llanto.

Betancourt, en su breve intervención telefónica, expresó: "a todos los secuestrados, a los que estuvieron conmigo, les mando un estrecho abrazo y no duden que voy a seguir luchando para que todos vuelvan a la libertad".

Descartó participar en una marcha contra el secuestro programada para el 20 de julio. "Ahora veo que lo de mi secuestro en San Vicente del Caguán pudo haber sido una imprudencia mía y con ella hice sufrir mucho a mi familia. Entonces no quiero que eso se vuelva a repetir. Creo que me puedo quedar aquí (en Francia) y desde aquí puedo aportar mucho más", argumentó la ex rehén.

El cabo Julio César Buitrago, de 37 años, lamentó los 10 años que perdió en la selva.

"Me da lástima que me hayan quitado tanto tiempo. Me impresiona cómo ha avanzado la tecnología. Por ejemplo, yo me imaginaba esta cabina de radio más distinta", comentó Buitrago a su turno al microfono.

El subintendente Armando Castellanos Gaona, quien estuvo en manos de las FARC por 8 años, aprovechó para narrar parte de sus vivencias con los estadounidenses Keith Stansell, Tom Howes y Marc Gonsalves, otros de los rescatados el 2 de julio.

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