Exclusiva AP: Improbable que declaren demente a atacante noruego

OSLO (AP). Es improbable que el extremista de derecha que admitió haber matado a decenas de personas en Noruega vaya a ser declarado demente, porque parece haber estado en pleno control de sus acciones, le dijo a The Associated Press el panel que examinará su evaluación psiquiátrica.

La decisión sobre el estado mental de Anders Behring Breivik determinará si puede ser considerado penalmente responsable y enviado a prisión o si es trasladado a un pabellón psiquiátrico para recibir tratamiento.

Los ataques del 22 de julio fueron planeados y ejecutados tan cuidadosamente que sería difícil argumentar que son obra de un desquiciado delirante, dijo el doctor Tarjei Rygnestad, jefe de la Junta Noruega de Medicina Forense.

En Noruega, una defensa que argumente demencia requiere que el acusado esté en estado de psicosis cuando comete el presunto delito. Eso significa que el sujeto ha perdido contacto con la realidad al punto que no controla sus acciones.

"No es muy probable que haya estado psicótico", le dijo Rygnestad a la AP.

La junta forense debe revisar y aprobar el examen efectuado por dos psiquiatras designados por la corte antes que el informe sea presentado al juez en el caso. Entonces éste decidirá si Breivik puede ser considerado penalmente responsable.

Rygnestad le dijo a la AP que una persona en estado de psicosis solamente puede realizar tareas simples. Incluso manejar su auto desde el centro de Oslo al lago al noroeste de la capital, donde Breivik disparó contra jóvenes en un campamento, sería demasiado complicado.

"Si oyes voces en la cabeza que te dicen que hagas esto o lo otro, eso lo perturba todo, y conducir un automóvil es muy complejo", dijo Rygnestad.

"La forma en que se preparó" para los atentados _adquiriendo meticulosamente los materiales y las habilidades que necesitó para realizarlos mientras guardaba silencio para evitar ser detectado_ son argumentos contra una psicosis, dijo Rygnestad.

De acuerdo a su propia confesión, el noruego de 32 años pasó años planeando el ataque. El 22 de julio hizo estallar un coche bomba que mató a ocho personas en el distrito gubernamental en el centro de Oslo, tras lo cual condujo hasta un campamento juvenil en Utoya, una pequeña isla en un lago rodeado de bosques.

Una vez allí, se pasó 90 minutos ejecutando una a una a 69 personas, en su mayoría adolescentes miembros del ala juvenil del gobernante Partido Laborista.

En un manifiesto de 1.500 palabras dado a conocer justo antes de los atentados, Breivik califica su doble ataque como el principio de una cruzada que para el 2083 purgaría a Europa de los musulmanes y de los ideólogos marxistas que él se queja les están dejando invadir el continente a los primeros.

Breivik, bajo arresto a la espera de un juicio, admite los hechos, pero niega tener responsabilidad penal porque dice que la masacre fue necesaria para salvar a Noruega y Europa, dijo su abogado, insinuando una posible defensa por demencia.

"Este caso indica que él está desquiciado", le dijo Lippestad a reporteros la semana pasada.

Si es enjuiciado y declarado culpable de terrorismo, Breivik enfrentaría 21 años de prisión o un arreglo alternativo que pudiera mantenerlo tras las rejas por tiempo indefinido.

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El corresponsal de la AP Karl Ritter contribuyó con este despacho.

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