Frutas tropicales, adorno natural en los pesebres paraguayos

Quito (EFE). Las frutas tropicales, un regalo de la naturaleza que abunda durante el verano en Paraguay, asumen un simbolismo especial en la representación del nacimiento de Jesucristo en ese país suramericano mayoritariamente católico.

En cada pesebre o belén típicamente paraguayo no pueden faltar melones, piñas, uvas, bananas o sandías, principalmente éstas últimas, que en la creencia popular representan la ofrenda al Niño además de motivos ornamentales y sensación de frescura.

Las altas temperaturas del clima paraguayo obligan a que las frutas sean colocadas sólo en los días previos de la Navidad en el "establo" de la Sagrada Familia, donde también es tradicional la presencia de los Reyes Magos con su ofrenda de oro, incienso y mirra para Jesús.

Recomendada por médicos y especialistas como hidratante natural contra los rigores del calor, la venta de esa fruta suele salirse de los canales normales de comercialización para ser ofrecida fuera de los mercados, supermercados y almacenes.

Las sandías, de variado tamaño, formas y colores, resaltan siempre entre las frutas que pueden hallarse en improvisados puestos instalados en aceras de las avenidas de alto tráfico de Asunción, debido a la saturación de cada año en el Mercado de Abasto.

Por este centro de distribución, el más importante del país, ingresan sandías "en forma masiva y de buena calidad desde distintos puntos, de Caaguazú (centro) y Concepción (noreste)", afirma a Efe Lucio López, de la Dirección de Comercialización del Ministerio de Agricultura.

López, que asiste a un grupo de productores organizados del Abasto en la colocación de sus productos, refiere que las frutas están entrando esta Navidad en buena cantidad a pesar de las heladas del pasado invierno, que afectaron los cultivos e "incidieron negativamente en el desarrollo vegetativo".

Todas las partidas son conservadas en bloques con techos de zinc que con las altas temperaturas y la falta de cámaras frigoríficas aceleran su descomposición.

"Tenemos que producir en función al mercado, saber qué quiere, qué tipo de producto y en función de esto programar la producción", recalca el funcionario, que admite que hay "poca infraestructura" para conversar los productos perecederos.

Hasta la semana anterior a la Navidad de este año, más de 66 millones de kilogramos de frutas habían pasado por las básculas del Mercado de Abasto, lo que supone más de diez kilogramos de consumo frutal por cada ciudadano de este país, de 6,3 millones de habitantes.

En el caso de la popular sandía, fueron casi 3,9 millones de kilos, según datos de la Dirección de Abastecimiento Municipal.

Para José Núñez, que personalmente comercializa la cosecha de la propia chacra familiar, la calidad de la sandía ha sido buena a pesar de que un temporal con granizo destruyó el 80 por ciento de las diez hectáreas de cultivo familiar "cuando la fruta estaba soltando".

Además de esos reveses que afectaron a muchos productores de Valenzuela, localidad agrícola situada a 100 kilómetros al este de la capital, de donde procede, a Núñez tampoco le satisface el nivel de las ventas de las tres especies de sandía, la negra, la amarilla o 'albina' y la verdosa ovalada, que ofrece en su espacio, protegido del sol con hule extendido sobre pedazos de palo.

"Anteriormente bajábamos una carga con 1,500 ó 2,000 frutas y las vendíamos en un promedio de dos días, ahora con suerte vendemos sólo una carga a la semana", se lamenta el vendedor.

Sandías "hay en todas las casas durante el verano, porque es lo máximo para refrescarte, después del almuerzo o de la cena", comenta a Efe Beatriz Román, una ama de casa, que recuerda que es la única fruta de estación que no entra entre los ingredientes del tradicional "clericó", una especie de sangría paraguaya.

Con esta bebida, una mezcla de refresco, vino y trozos de piña, melón, uva, naranja, banana y durazno, se recibe a la gente que en la Nochebuena recorre el vecindario para admirar los detalles de cada pesebre hogareño.

Porque en Paraguay no hay familia, negocio u oficina sin Portal de Belén, una tradición que se mantiene muy viva en una de las naciones con mayor población católica de América Latina -el 89,6 por ciento según el censo de 2002- y un jefe de Estado que, antes de dedicarse a la política, fue obispo.

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