Fuego en aldea rohingya abandonada plantea dudas en Myanmar

Varios periodistas vieron el jueves nuevos incendios en un pueblo de Myanmar abandonado por musulmanes rohingya, donde se veían páginas arrancadas de textos islámicos tiradas por el suelo. Estos indicios aumentaron las dudas sobre las afirmaciones del gobierno de que miembros de la perseguida minoría destruyeron sus propios hogares.

Unas dos docenas de periodistas vieron los fuegos en el pueblo de Gawdu Zara, en el estado norteño de Rakhine, durante una visita controlada por el gobierno. Unos 164.000 rohingya han huido de la región a la vecina Bangladesh desde el 25 de agosto, cuando insurgentes rohingya atacaron puestos policiales en Gadwsu Zara y otros pueblos, según dijo el jueves la agencia de refugiados de Naciones Unidas.

El ejército afirma que casi 400 personas, la mayoría insurgentes, han muerto en los enfrentamientos, y que sus soldados realizaban “operaciones de limpieza”. Las autoridades acusan a los insurgentes de prender fuego a las aldeas, sin ofrecer pruebas.

Sin embargo, todos los rohingya que han huido describen una violencia a gran escala ejercida por soldados de Myanmar y turbas budistas, que prendieron fuego a sus casas, dispararon de forma indiscriminada, apuñalaron a civiles y les dijeron que abandonaran sus casas o los matarían.

En Myanmar, los periodistas no vieron a ningún rohingya en los cinco pueblos destruidos que se les permitió visitar el jueves, lo que hacía improbable que fueran responsables de los incendios.

Un aldeano de etnia rakhine que salió de entre la humareda dijo que la policía y budistas locales habían prendido los fuegos. El hombre salió corriendo antes de que se le pudieran hacer más preguntas.

No se veía ningún policía en el pueblo aparte de los agentes que acompañaban a los periodistas, aunque sí había unos 10 hombres rakhine con machetes. Parecían nerviosos, y el único que habló dijo que acababa de llegar y no sabía cómo habían comenzado los incendios.

Entre los edificios en llamas había una madrassa, o escuela islámica. Fuera había libros con textos del Corán, el libro sagrado del islam, rotos y desperdigados por el suelo. La mezquita cercana no estaba incendiada.

Otro pueblo visitado por los reporteros, Ah Lel Than Kyaw, estaba calcinado y desierto. Había perros y ganado vagando entre restos aún humeantes.

El policía local Aung Kyaw Moe dijo que 18 personas habían muerto solo en ese pueblo. “De nuestro lado hubo un agente de inmigración muerto y encontramos 17 cadáveres del lado enemigo”, dijo.

El agente dijo que los incendios se provocaron el 25 de agosto, aunque algunos seguían ardiendo el jueves. Casi todos los edificios en la aldea que vieron los periodistas estaban quemados, al igual que los autos, motocicletas y bicicletas que los aldeanos habían dejado atrás. También una mezquita sufrió daños.

En el horizonte se veían columnas de humo y se oían disparos lejanos.

“Quemaron sus propias casas y salieron corriendo”, dijo Aung Kyaw Moe. “No vimos quién las quemó porque teníamos que preocuparnos de la seguridad de nuestro puesto (...) Pero cuando se quemaron las casas, los bengalíes eran los únicos en el pueblo”.

Myanmar se refiere a los rohingya como bengalíes, alegando que entraron en el país de forma ilegal desde Bangladesh a pesar de que muchas familias han vivido durante generaciones en Myanmar.

Quemar las casas hace más improbable que regresen. Decenas de miles de rohingya se vieron expulsados de sus hogares en otra oleada de violencia en 2012. Muchos de ellos están ahora confinados en campos y el terreno que ocupaban en Myanmar está vacío o ha sido ocupado por budistas.

La líder de Myanmar Aung San Suu Kyi ha restado importancia a la crisis, afirmando que es una campaña de desinformación, un argumento tachado de “inadmisible” por el director de gestión de crisis de Amnistía Internacional.

Su Kyi dijo el jueves a la prensa que su gobierno que su gobierno trabaja para mejorar la seguridad y la vida de los rohingya, pero que “es un tanto poco razonable esperar que lo resolvamos todos en 18 meses”, refiriéndose al tiempo que lleva su gobierno en el cargo.

La oleada de rohingya ha puesto al límite los campos de refugiados que ya existen en Bangladesh, que ha prometido construir al menos uno más. La Organización Internacional para las Migraciones ha pedido 18 millones de dólares en ayuda exterior para ayudar a alimentar y cobijar a decenas de miles de personas ahora hacinadas en asentamientos improvisados o varadas en la tierra de nadie entre las fronteras de los dos países.

La ONU dijo que distribuiría comida a los recién llegados, de los que en torno al 80% eran mujeres y niños, y que se suman a los aproximadamente 100.000 que ya se refugiaban en Bangladesh tras huir de estallidos de violencia previos en Myanmar, un país de mayoría budista.

No está claro cuántos rohingya permanecen en Myanmar, en medio de noticias sobre soldados que queman pueblos y matan a civiles. Antes del último brote de violencia, los expertos estimaban que en torno a un millón de rohingya vivía en el estado norteño de rakhine, pero las agencias humanitarias no han podido llegar a la zona desde entonces.

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