Heather Nauert, de estrella de la televisión a embajadora de EEUU ante la ONU

Era la estrella del programa de televisión favorito del presidente estadounidense, Donald Trump, y ahora Heather Nauert pasará a ser la embajadora de EE.UU. ante la ONU, un ascenso forjado a base de trabajo, astucia y una agilidad innata para buscar oportunidades.

Hasta ahora, Nauert era la portavoz del Departamento de Estado y su misión era explicar a periodistas de todo el mundo los principios de la política exterior de Trump.

La tarea no era fácil, pero Nauert supo seguir el ritmo de los tuits del mandatario y suplir su poca experiencia en política exterior con un llamativo fichero con separadores de colores al que recurría para responder a preguntas tan arduas como, por ejemplo, la creación en Uzbekistán de una ONG estadounidense.

De ser confirmada por el Senado, cuando tome posesión de su nuevo puesto, a partir de enero de 2019, Nauert tendrá que defender la visión de "EE.UU. primero" en la ONU, un organismo multilateral que ve a Washington con escepticismo.

Su éxito dependerá de su habilidad para lidiar con algunos de los pesos pesados de la Administración, incluido el secretario de Estado, Mike Pompeo; así como de su capacidad para maniobrar en crisis como la de Siria, el diálogo con Corea del Norte, el embargo a Cuba y la confrontación con Irán.

Nauert, de 48 años, sustituirá a Nikki Haley, embajadora en la ONU desde enero de 2017 y que ha desarrollado un estilo propio con discursos duros y una imagen de independencia que provocó roces con Trump.

El mandatario conocía a Nauert de su trabajo como presentadora del programa "Fox & Friends" de la cadena conservadora Fox, plataforma en la que trabajó durante casi dos décadas y desde la que cubrió las elecciones de 2016, así como la investidura de Trump como presidente.

Saltó a la fama en medio del escándalo que rodeó la relación entre Bill Clinton, presidente entre 1993 y 2001, y la entonces becaria de la Casa Blanca, Mónica Lewinsky.

Existía la necesidad de reclutar a mujeres comentaristas y, bajo el título de "estratega republicana", Nauert comenzó a aparecer en diferentes cadenas, como la pública estadounidense PBS y la británica BBC, para atacar a Clinton y defender los ideales conservadores en temas como la posesión de armas.

Nauert se veía a sí misma como parte del firmamento de las estrellas de la televisión y, en el año 2000, en pleno escándalo Lewinsky, llegó a decirle al diario The Washington Post: "Es más interesante ver a una persona joven hablando de estos de temas que a un hombre gordo y blanco".

Trump no pudo resistirse ante el dinamismo que mostraba en televisión y, en abril de 2017, nombró a Nauert portavoz del Departamento de Estado.

Su aterrizaje no fue fácil, ya que el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson, excluyó a Nauert de su círculo de confianza al considerarla una "espía de la Casa Blanca", según dijo este mes un funcionario del Departamento de Estado al diario Business Insider.

Justo cuando Nauert se estaba planteando dimitir, Trump destituyó a Tillerson y le sustituyó con el entonces director de la CIA, Mike Pompeo.

Desde el principio, Pompeo depositó su confianza en Nauert y, en marzo, la nombró subsecretaria para Asuntos Públicos, puesto que equivale al "número 4" del Departamento de Estado y conlleva la responsabilidad de supervisar los departamentos de Cultura, Información Internacional y Asuntos Públicos.

Nauert, que dejó ese puesto en octubre, ha acompañado a Pompeo en cada viaje, incluidas sus visitas por sorpresa a Corea del Norte.

De manera un poco sorprendente, Nauert tenía compañía en sus viajes: llevaba consigo unos monigotes de papel coloreados por sus hijos y que pertenecen al llamado proyecto "Flat Stanley", que se basa en los personajes de un libro del mismo nombre y busca promocionar la lectura entre los más pequeños.

Nauert fotografió esos monigotes en diferentes lugares, incluida la residencia del primer ministro japonés, Shinzo Abe, y luego subió las imágenes a Instagram.

Muy aficionada a esa red social, Nauert ha mostrado al mundo imágenes de sus dos hijos pequeños jugando, vídeos de sus tres perros y, casi de manera premonitoria, unas imágenes de la sede de la ONU en Nueva York durante la última Asamblea General, celebrada en septiembre.

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