La India discute al contar sus pobres

Nueva Delhi (EFE). Con un discurso para algunos opaco sobre los frutos del crecimiento económico, la India discute cuál es su tasa real de pobreza, para muchos superior al 22 %, al que el Gobierno dice que se ha llegado tras una década de reducción.

La polémica se desató a finales de julio, cuando la Comisión de Planificación volvió a fijar el umbral de pobreza en unas 33 rupias al día por persona en áreas urbanas (0,54 dólares) y 27 rupias (0,44) en el caso de los habitantes de zonas rurales.

El dato, elaborado con el método Tendulkar, que mide los gastos mínimos para satisfacer un consumo de 1.700 calorías diarias, educación y salud, se aleja de la marca de la ONU de 1,25 dólares, y ya despertó la polémica cuando se estableció hace dos años.

En función de este patrón, las autoridades indias aseguran ahora que un 21,9 % de la población es pobre (269 millones), lo que supone a priori un notable descenso respecto a la marca de 2004-05, cuando la tasa era del 37,2 % y había 407 millones.

A un año vista de las elecciones generales, el dato puede ser interpretado como un anuncio electoralista por parte de un gobernante Partido del Congreso en horas bajas, pero no consigue escapar de comparaciones que cuestionan su credibilidad.

"Si se racionaliza la definición, se comprueba que los niveles de pobreza son mucho más altos y que en realidad están creciendo", argumentó a Efe el director ejecutivo de la ONG Action Aid en la India, Sandip Chachra.

Chachra aludió a estudios alternativos que apuntan que la necesidad calórica mínima debería ser de 400 a 500 calorías superior a la de Tendulkar, lo que arrojaría una tasa de pobreza actual cercana a las tres cuartas partes de los habitantes.

Estudios de organismos internacionales también sitúan el umbral en torno a la mitad de la población.

El Gobierno ha defendido sin fisuras la estadística, hasta el punto de que algunos líderes han dicho que en Bombay y Delhi, ciudades indias caras, "un menú completo" y "una buena comida" pueden costar 12 y 5 rupias respectivamente (19 y 8 centavos de dólar).

Enseguida los reporteros locales salieron a la calle para comprobar esas afirmaciones y el escrutinio dejó claro que el almuerzo callejero de peor calidad cuesta bastante más.

" Que una organización caritativa ofrezca comida a cinco rupias no significa que sea su precio real. Las estadísticas se utilizan para justificar políticas. No creo que reflejen la situación de pobreza de la India", defendió a Efe el empresario Shashikant Jugran.

Su impresión fue compartida por muchos otros ciudadanos como él, beneficiarios de esa India boyante que en la última década ha crecido más que nunca en su historia.

Un paseo por un arrabal de la capital, situado a pie de las vías de tren, con habitáculos con techo de hojalata y de una sola habitación, ofrece en cambio sensaciones contradictorias.

En muchos hogares, uno o dos trabajadores se responsabilizan de conseguir el dinero para su numerosa familia y en ocasiones el ratio diario que sale por individuo es apenas ligeramente superior al umbral fijado por las autoridades.

Sin embargo, y pese a admitir pasar " muchas dificultades" para salir adelante, no les gusta decir que son pobres, solo algunos cuando se les pregunta asienten que sí lo son.

En lo que hay menos dudas es en que la brecha entre las clases altas y bajas se ha acentuado con el " milagro económico" indio.

Para Chachra, " la India que ha entrado a la liga de los ingresos medios ha experimentado un estancamiento socioeconómico, una degradación de vastas áreas que suponen la mayoría de la población, algo bien reflejado en indicadores de desarrollo humano".

Según el Nobel de Economía Amartya Sen, crítico habitual de la falta de inclusión social que ha aportado el alto aumento del PIB, " cualquier país que ha tenido un crecimiento sostenido ha hecho más que la India en tener una fuerza de trabajo educada y saludable".

Cierto es que la renta per cápita en el país se ha duplicado desde 2005, aunque no ha sido para todos por igual.

De hecho, como señala la escritora Arundathi Roy " en una nación de 1.210 millones, los cien más ricos tienen un cuarto del PIB".

Hay, en cambio, otros indicadores quizás más democráticos, como la inflación, cuya tasa interanual ha sido constantemente cercana o superior a los dos dígitos en ese mismo periodo y ha ahogado a los segmentos más desfavorecidos.

Sin necesidad de acudir a la complicada macroeconomía, el propio Gobierno cuestiona implícitamente su umbral de la pobreza.

Lo hace al aprobar recientemente por ejemplo una Ley de Seguridad Alimentaria, necesaria pero también electoralista, que subsidiará arroz y harina a tres cuartas partes de la población rural y a la mitad de la urbana.

Parece claro entonces que el concepto de la pobreza es básicamente una cuestión semántica.

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