Insultos a Rousseff en inauguración del Mundial abren debate en Brasil

Después de los goles de Neymar, nada se comenta tanto este viernes en Brasil como los insultos de los hinchas contra la presidenta Dilma Rousseff en la apertura del Mundial, que han desatado una fuerte polémica en medio del descontento social en este año electoral.

"No voy dejarme perturbar por insultos que no pueden ser siquiera escuchados por los niños y las familias", afirmó este viernes con firmeza la presidenta.

En plena inauguración de la Copa del Mundo en el estadio mundialista de Sao Paulo, miles de hinchas le gritaron: "Dilma, ¡vete a tomar por c...!".

Los insultos -también contra la FIFA- fueron la comidilla en las redes sociales y entre los comentaristas deportivos y políticos, que en buena parte condenaron su agresividad y alertaron sobre el peligro de una radicalización de la ciudadanía a las puertas de los comicios de octubre, en las que Rousseff buscará la reelección.

"El insulto con palabrotas ha sido una falta de respeto que mostró cómo el debate público en Brasil ha retrocedido y está radicalizado", dijo el comentarista de la radio CBN Kennedy Alencar.

Rousseff entró discretamente en el estadio, según la prensa brasileña. Se instaló junto al presidente de la FIFA, Joseph Blatter, y ninguno de los dos hizo el tradicional discurso de apertura del Mundial, quizás para evitar una repetición de los silbidos que ambos recibieron en la apertura de la Copa Confederaciones hace un año.

En junio de 2013, los brasileños dejaron atónitos al mundo con una histórica revuelta social provocada por el descontento con la clase política y los millonarios gastos públicos para construir estadios, y en reclamo de que se destinara ese dinero a salud, educación y transporte.

"Los insultos a la presidenta en la apertura del Mundial muestran una radicalización de la escena política y social en Brasil, eso es muy malo para la democracia. Es un escenario que comenzó con las protestas populares el año pasado y se extenderá a las elecciones", dijo a la AFP André Cesar, analista de la consultora Prospectiva.

"El rechazo a los políticos lo vemos en las encuestas. Pienso que si Aecio Neves y Eduardo Campos -los dos principales candidatos de la oposición que intentarán arrebatarle la presidencia a Rousseff- hubieran estado en el estadio, también hubieran sido silbados: la clase política brasileña tiene que repensarse y volver a encontrar su sintonía con la sociedad", concluyó.

El expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, quien luchó y consiguió en 2007 que Brasil fuera escogido para acoger la Copa cuando el país rebosaba optimismo económico y admiración internacional, no asistió el jueves al primer partido, que Brasil ganó a Croacia (3-1).

Los candidatos opositores, el socialdemócrata Neves y el socialista Campos, tampoco estuvieron en el estadio.

"Al traer la Copa del Mundo a Brasil en 2007, el presidente Lula no calculó que siete años después las cosas podrían ser diferentes, y no tuvo en cuenta que las Copas del Mundo no son para el pueblo, sino solo para quien puede pagar caro un ingreso en estadios construidos a precio de oro. Esa bomba explotó en los brazos de su sucesora", afirmó el comentarista deportivo Juca Kfouri.

"Los insultos del estadio fueron de la clase media alta, la más crítica al gobierno del Partido de los Trabajadores de Rousseff", añadió.

El opositor Neves afirmó a medios locales, en cambio, que la presidenta apenas "cosechó lo que plantó en los últimos años" por gobernar "con enorme arrogancia y de espaldas a la sociedad".

Exguerrillera en la dictadura militar (1964-85), que sufrió cárcel y tortura, la presidenta afirmó este viernes que ahora como entonces no se dejará intimidar ni perderá su rumbo.

Todavía favorita a la reelección del 5 de octubre, la intención de voto de Rousseff cayó de 40% a 38% en el último mes, contra 22% de Aecio Neves y 13% de Eduardo Campos (cada uno ganó dos puntos), según la última encuesta Ibope.


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