Irán: más aislamiento y represión en el horizonte

Irán ( AP). El régimen islámico iraní probablemente capee la tormenta postelectoral, pero no sin sufrir consecuencias.

El nuevo estado de cosas ya está tomando forma: un mayor aislamiento de Occidente y un liderazgo que aprieta las tuercas, apelando a los militares para reprimir cualquier amenaza, real o imaginaria.

En la televisión estatal abundan los mensajes estridentes, en los que se responsabiliza a " enemigos" extranjeros por el caos que hubo tras la votación del 12 de junio, cuyos resultados han sido cuestionados. En las calles, las fuerzas de seguridad sofocan prestamente cualquier amago de protesta y controlan las actividades de periodistas, figuras políticas, profesores universitarios y activistas.

El candidato opositor Mir Hossein Mousavi, quien afirma le robaron la victoria en los comicios, le pide a su gente que se prepare para una lucha difícil y prolongada.

Se trata de un régimen que saca a relucir su instinto de supervivencia. Esto probablemente implique las mismas patologías típicas de un estado de sitio: más aislamiento, más paranoia y disposición a usar todas las armas a su alcance.

La teocracia iraní cuenta con buenas defensas: la Guardia Revolucionaria y sus millones de milicianos civiles, conocidos como Basij. Están en casi todos los barrios de ciudades y pueblos a lo largo y ancho del país y son capaces de sofocar cualquier intento de movilización callejera, como se hizo evidente el miércoles, cuando un pequeño grupo de gente se congregó frente al parlamento y fue disuelto rápidamente por un comando de individuos en motocicleta, con capucha, vestidos de negro.

Cientos de personas fueron detenidas en las dos últimas semanas, incluidos 40 periodistas, según el Comité para la Protección del Periodista, tras las elecciones en las que el presidente Mahmoud Ahmadinejad fue proclamado vencedor en forma abrumadora. La oposición denunció un fraude.

Los líderes teocráticos saben que la Guardia Revolucionaria puede combatir la agitación interna el tiempo que sea, y darle al líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, espacio para hacer frente a los cuestionamientos sin precedentes que ha habido de sus poderes casi absolutos, que para mucha gente son de origen divino.

Si bien hay elecciones presidenciales y legislativas, el poder real en Irán recae en los máximos líderes del clero, quienes tienen además al apoyo de las fuerzas de seguridad. En los próximos meses se sabrá hasta qué punto los turbantes del clero dependen de los cascos militares.

La Guardia Revolucionaria y los organismos bajo su mando tienen como fin preservar el sistema islámico.

Sus 500,000 efectivos funcionan independientemente de las fuerzas armadas regulares y son una especie de ejército privado del establishment islámico. Pero su influencia va mucho más allá de los cuarteles y participa en el manejo de los puertos, los campos petrolíferos y los programas de cohetes y nuclear.

Es poco probable que se disuelva con la facilidad con que se desbandó el aparato de seguridad del chá durante la revolución islámica de 1979.

" Su nombre refleja cabalmente su función: proteger la revolución", expresó Talal Atrissi, analista político libanés que sigue los acontecimientos en Irán. " Son extremadamente leales".

La ola de arrestos podría ser un anticipo de lo que se viene. Ya en el pasado los clérigos han adoptado mano dura con los sectores liberales, ante amenazas mucho menos serias.

A las detenciones se suma una campaña contra los medios de comunicación, incluidos los portales y las redes sociales como Facebook y Twitter, que han sido usadas para promover las protestas. El próximo paso podría ser restringir las libertades de que han gozado los jóvenes nacidos después de la revolución, que representan aproximadamente la mitad de los 70 millones de iraníes.

El régimen les ha permitido escuchar música occidental, salir con personas del sexo opuesto, ir a cafés de internet y hace la vista gorda en relación con los platos satelitales y las mujeres que se toman libertades con la ropa, usando pañuelos que no cubren el rostro y vestidos cada vez más cortos y ajustados. Pero había un acuerdo tácito, según el cual se tolerarían estas cosas siempre y cuando no incurriesen en actividades que cuestionasen el sistema.

Ese acuerdo fue violado. Los manifestantes no solo cuestionaron los resultados de las elecciones sino que también criticaron abiertamente a Jamenei, algo inimaginable hasta hace poco. El castigo podría ser feroz.

El propio Jamenei dio luz verde para la represalia al decir que los opositores estaban manipulados por " enemigos" extranjeros, lo que trajo a la memoria las batallas del pasado, la influencia que tuvo Estados Unidos en el gobierno del cha y el papel estadounidense en un alzamiento de 1953 en el que fue derrocado un gobierno elegido, que había nacionalizado la industria del petróleo, controlada hasta entonces por los británicos.

Los medios estatales resaltan a diario la existencia de complots desde el exterior y muestran supuestas " confesiones" de presuntos manifestantes.

De este modo, la defensa del gobierno pasa a ser una defensa del país.

Jamenei se ha visto debilitado y se especula sobre una posible rebelión del ex presidente Hashemi Rafsanjani, quien encabeza un grupo que tiene autoridad para deponer al líder supremo. Nunca se ha tomado, ni siquiera considerado, una medida de ese tipo, que equivaldría a un verdadero golpe.

Pero el solo hecho de que se esté hablando de esa posibilidad refleja hasta qué punto las protestas sacudieron al régimen.

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