Irán sigue en la encrucijada 25 años después de la muerte de Jomeini

Un cuarto de siglo después de la muerte del fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholah Jomeini, Irán sigue en la encrucijada, con una economía debilitada, una diplomacia aislada y numerosas batallas políticas internas.

El guía espiritual y político iraní murió el 4 de junio de 1989, a los 89 años, pero su imagen sigue omnipresente, impresa en billetes de banco, en carteles colgados de los edificios o simplemente pintada en los muros del país.

Miles de personas acudieron este miércoles a la ceremonia de duelo anual, en el inmenso mausoleo construido en su memoria al sur de Teherán. Su sucesor, el ayatolá Alí Jamenei, pronunció ahí un discurso en el que criticó la "arrogancia mundial" de Estados Unidos.

"El desafío exterior son las turbulencias sembradas por la arrogancia mundial y, seamos francos, por Estados Unidos" aseguró el ayatolá Jamenei, en el mausoleo de Jomeini.

Al derrocar en enero de 1979 al shah de Irán, de la dinastía de los Pahlevi, apoyada por Estados Unidos, el guía Jomeini encarnó un renacimiento y una revuelta del islam frente a la "decadencia" occidental y la corrupción gubernamental.

La República islámica, nacida de su visión de una democracia musulmana basada en la sharia (ley coránica), le ha sobrevivido pero se enfrenta hoy a enormes desafíos.

Para Dina Esfandiary, del Instituto Internacional de Investigaciones Estratégicas (IISS), la influencia de Irán se ha reducido, mientras Siria -su principal aliado- está inmerso en una guerra civil desde hace tres años y el movimiento palestino Hamas, en el poder en Gaza, ha tomado sus distancias con Teherán.

Irán se había convertido en potencia regional en los años 1990 gracias a su crecimiento económico, fruto de la política de reconstrucción del presidente Akbar Hashemi Rafsandyani (1989-1997), y luego de Mohamad Jatami (1997-2005). En los años 80 el país había vivido una devastadora guerra de ocho años contra Irak, que dejó al menos un millón de muertos.

Aquella apertura económica de los 90 estuvo acompañada por una relativa apertura cultural y social. Pero las riquezas nacionales fueron dilapidadas por el presidente sucesor, Mahmud Ahmadineyad (2005-2013), acusado de mala gestión con la introducción de ayudas directas a la población que reemplazó a un masivo programa de subvenciones públicas.

La economía iraní se ha hundido además con las severas sanciones internacionales decretadas por el programa nuclear de Teherán, que según Occidente tiene vocación militar.

"Sin economía fuerte, no hay influencia geopolítica" afirma a la AFP Said Laylaz, analista basado en Teherán.

Durante muchos años, Irán, hostil a Occidente y enemigo de Estados Unidos, calificado de "Gran Satán", ha vivido aislado internacionalmente.

Por ello, el actual presidente Hassan Rohani, elegido en junio de 2013, se enfrenta a varios desafíos: debe reactivar la economía -afectada por un elevado desempleo y una alta inflación- y reanudar lazos con la comunidad internacional, tras un doble mandato de Ahmadinejad marcado por la confrontación con Occidente y la represión interna de manifestaciones, como ocurrió en su cuestionada reelección de 2009.

Rohani ha tenido un primer éxito al lograr un acuerdo de seis meses con las grandes potencias, al congelar parte de actividades nucleares hasta julio, a cambio de que se suspendan algunas de las sanciones contra Irán.

El presidente, considerado como un moderado, también debe enfrentarse a las críticas internas que consideran que cualquier concesión sobre el tema nuclear es una renuncia a los derechos en energía atómica de Irán.

Rohani, sumido en un sistema político complejo donde persiste un retórica antioccidental, debe también hacer frente a los opositores hostiles a cualquier paso en favor de las libertades individuales y sociales, una de sus promesas de campaña.


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