Japón: al menos 288 y 349 desaparecidos en sismo y tsunami

TOKIO (AFP). Barcos arrastrados tierra adentro, casas derrumbadas y multitudes aterradas invadieron el viernes las ciudades de la costa japonesa sobre el Océano Pacífico, región en la que un violento sismo y un maremoto causaron cientos de muertos y desaparecidos.

Los canales de televisión mostraron casas cubiertas por una ola de lodo, viviendas que eran presa de las llamas y visiones aterradoras que habían sido filmadas desde helicópteros.

Una verdadera muralla de agua de hasta diez metros de alto irrumpió en la costa de la gran isla de Honshu, sobre el Pacífico, arrastrando casas enteras y transformando los puertos en escenas de desolación.

Entre 200 y 300 cadáveres fueron hallados en la costa de Sendai.

En muchos lugares el mar franqueó los diques de protección y avanzó varios kilómetros en las tierras, recordando algunas escenas del tsunami que se produjo en el Océano Indico en 2004.

"Nunca vi nada semejante", declaró Ken Hoshi, un responsable de las autoridades de Ishinomaki, un puerto de la prefectura de Miyagi. "El agua subió hasta la estación", a varios cientos de metros de la orilla, precisó.

En las granjas de los alrededores, el oleaje cubrió los campos y sólo fue detenido por los terraplenes de una autopista. Un poco más al norte, en Sendai, la pista del aeropuerto estaba inundada.

En la región de Aomori, la más septentrional de la isla principal de Honshu, al menos cinco barcos naufragaron. Algunos de ellos fueron totalmente volcados por la violencia de las olas, deteniendo su avance junto a las calles comerciales de las ciudades de la costa.

Más cerca de Tokio, en la prefectura de Ibaraki, grandes casas flotaban a través de una aldea, y a poca distancia, algunos automóviles salían a la superficie luego de haber estado sumergidos.

El sismo que desencadenó el maremoto provocó grietas en las rutas, arrastrando las alcantarillas y los tubos conectados a ellas a través de las calles. En los supermercados, las botellas y las latas de conservas cayeron de los anaqueles.

Durante los temblores más intensos, tanto en la capital como en las aldeas costeras millones de personas se precipitaron a las calles para escapar a la caída de las paredes y los techos de numerosas edificaciones.

En las ciudades, los empleados se precipitaron a las estaciones de tren para tratar de viajar a sus hogares, a menudo alejados, pero tuvieron que volver a pie, regresar a sus oficinas o instalarse en un hotel, pues el transporte público estaba paralizado en todas las zonas afectadas.

Las réplicas de este terremoto, el más potente registrado en el archipiélago, continuaban varias horas después, tanto en Tokio como en el noreste.

En varias ciudades estallaron incendios y una refinería de petróleo de Chiba, en la región de Tokio, fue presa de las llamas.

Al caer la noche, las fuerzas de autodefensa (ejército japonés), desplegadas por tierra, mar y aire, continuaban prestando ayuda a los damnificados.

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