John Kerry intenta mediar en la crisis electoral en Afganistán

El secretario de Estado norteamericano John Kerry intentaba el viernes en Afganistán mediar en la crisis de las elecciones presidenciales para evitar que el país, tutelado por Washington desde hace diez años, se suma en el caos político.

"Estamos en un momento muy crítico para Afganistán. La legitimidad de las elecciones pende de un hilo" declaró Kerry a la prensa a su llegada a Kabul en la madrugada del viernes, antes de comenzar las reuniones.

Con la mediación pretende acercarse a los dos candidatos protagonistas de la crisis, Abdula Abdula y Ashraf Ghani, que se disputan la victoria de la segunda vuelta de las elecciones celebradas el 14 de junio.

El principal objetivo es llegar a un acuerdo sobre el alcance de los votos que presuntamente son fraudulentos, tras la proclamación de los resultados provisionales que le dan una amplia victoria a Ghani (56,4%).

Abdula, que llegó a la segunda vuelta como favorito tras haber ganado por gran diferencia en la primera (45% de los votos frente a los 31,6% conseguidos por Ghani), considera que le han arrebatado la victoria con un fraude masivo a favor de su rival.

Tras el encuentro con Kerry, Ashraf Ghani dio un paso hacia la conciliación aceptando una auditoría sobre el supuesto fraude.

"Queremos que el pueblo afgano y el resto del mundo consideren legítimo el proceso electoral. Para restablecer la confianza hay que hacer una auditoría lo más exhaustiva posible", declaró.

Por la tarde Kerry tenía previsto reunirse con Abdula.

El secretario de Estado norteamericano también se reunió por la mañana con Kan Kubis, el jefe de la misión de la ONU en Afganistán, e iba a hacerlo con el presidente saliente, Hamid Karzai.

Los partidarios de Abdula acusan a la comisión electoral y a Karzai, el único hombre que ha dirigido el país desde la caída de los talibanes en 2001, de haber manipulado las elecciones a favor de Ghani.

La visita de Kerry demuestra la preocupación de Estados Unidos sobre la suerte del régimen en el que han invertido miles de millones de dólares en ayudas desde 2001.

Washington espera que una investigación seria sobre las sospechas de fraude pueda dar credibilidad a la primera transición democrática de la historia del país. Estados Unidos ya advirtió que no aceptaría medidas anticonstitucionales como un "gobierno paralelo" organizado por el perdedor.

Esta posibilidad podría hacer estallar las tensiones intercomunitarias (Abdula es originario del norte y Ghani del sur) en un país inestable con una insurrección talibán todavía activa y a pocos meses antes de la retirada definitiva de las tropas de la OTAN.

Por su parte, Kubis dijo que la ONU haría lo posible para "cerrar la transición política para reforzar la estabilidad de la unidad del país".

Abdula reclamó una investigación para "separar los votos reales de los fraudulentos" en 11.000 colegios electorales de los 23.000 existentes, aunque por el momento solo se han contabilizado los votos de 1.930 centros. Su adversario aceptó que se examinaran tan sólo 7.100 colegios electorales.

Según la presidencia afgana, la misión de la ONU ha propuesto un acuerdo para 8.000 colegios electorales, lo que representa 3,5 millones de votos (43% de los votos de la segunda vuelta), pero la ONU no ha dado una confirmación oficial.

Según la comisión electoral, en la segunda vuelta se registraron 8,1 millones de votos, una cifra muy superior a la de la primera, que alimenta las sospechas del equipo de Abdula.

Oficialmente, Estados Unidos niega cualquier tipo de injerencia en la política afgana, pero su mensaje es claro: la crisis debe resolverse de manera pacífica para mantener la ayuda financiera y en el ámbito de seguridad que entrega Estados Unidos.

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