Jóvenes desempleados son el rostro de protestas en Medio Oriente

DUBAI, Emiratos Arabes Unidos (AP). Días antes de huir de Túnez tras gobernarlo por 23 años, Zine El Abidine Ben Alí prometió en la televisión nacional que crearía 300.000 empleos en los siguientes dos años.

El egipcio Hosni Mubarak hizo algo parecido el sábado mientras los disturbios sacudían a El Cairo y otras ciudades: prometió más oportunidades económicas a una población en que la mitad de la gente vive con menos de dos dólares por día.

Las promesas de presidentes sitiados son un reconocimiento de que la furia sin precedentes que ha tomado las calles del mundo árabe se basa sobre todo en una insatisfacción de larga data, causada por décadas de desigualdad económica en que las elites políticas se han enriquecido y las mayorías han quedado en los márgenes.

La sorprendente velocidad de las protestas, que comenzaron hace menos de dos meses en Túnez, muestra las inestables bases en que se apoyan los regímenes árabes que tienen el poder desde la década de 1980 o incluso antes.

Las políticas represivas _muchas veces presentadas como una lucha contra islamistas o espías israelíes_ y el capitalismo entre amigos supieron combinarse para mantener controladas a las sociedades de estos países, pero ahora parecen no ser suficientes.

La prueba está en las calles de El Cairo, donde hay 18 millones de personas y cerca de la mitad tiene menos de 30 años. Estos jóvenes ya no se conforman con que su máxima aspiración en la vida sea un puesto de empleado público.

En medio de las nubes de gases lacrimógenos, un manifestante egipcio levantaba una copia a mano de su diploma universitario y gritaba una sola palabra, el término que mejor define la crisis: empleos.

"Los regímenes y sus líderes son los blancos, pero realmente se trata de la desesperación por el futuro", dijo Sami Alfaraj, director del Centro Kuwait de Estudios Estratégicos. "Los rostros de esta situación incluyen al joven con el título universitario que no encuentra trabajo y a la madre que tiene problemas para alimentar a su familia".

Las condiciones que alimentan las protestas son comunes en el mundo árabe. Poblaciones jóvenes, una clase media creciente que quiere más oportunidades y el acceso a canales y cibersitios internacionales, que han erosionado los monopolios mediáticos estatales.

Desde el comienzo, las protestas han sido sobre la desigualdad económica. La revuelta tunecina que derrocó a Ben Alí comenzó por un joven de 26 años que se prendió fuego luego que la policía le confiscó su carro de frutas en diciembre. Actos similares comenzaron a sucederse en Egipto, Yemen y otros países.

En Yemen, la nación más pobre de la Península Arábiga, los disturbios esporádicos obligaron al presidente Alí Abdulá Saleh a hacer concesiones en su política económica, como reducir los impuestos a los ingresos y frenar los precios de alimentos básicos.

El viernes en Jordania, miles de manifestantes exigieron la renuncia del primer ministro Samir Rifai y pidieron controles inflacionarios y medidas contra el desempleo. El rey Abdulá II prometió reformas y Rifai anunció un paquete de subsidios a productos básicos de 550 millones de dólares.

No está claro si podrían estallar protestas en otros países en estas semanas.

El régimen autoritario sirio se mantiene en control y ya ha tomado algunas medidas para abrir su economía. Los países ricos del Golfo Pérsico tienen poblaciones pequeñas que reciben generosos beneficios del estado.

Donde sí hubo señales de descontento es el norte de Africa. Este mes, hubo choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad en Argelia y un hombre se inmoló en Mauritania en protesta contra el gobierno.

Hasta los altos funcionarios árabes reconocen que sus poblaciones no están satisfechas. Hace unos días, el secretario general de la Liga Arabe Amr Moussa advirtió que "el alma árabe está destruida por la pobreza, el desempleo y la recesión general".

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