Juan Carlos firma su abdicación como rey de España

Juan Carlos I, de 76 años, firmó este miércoles la ley que autoriza su abdicación como rey de España, abriendo la vía para la proclamación el jueves de su hijo Felipe como nuevo monarca.

Recibido por última vez con honores de jefe de Estado, el monarca, con traje azul marino y corbata rosa y ayudándose de un bastón para andar, rubricó la ley en una breve ceremonia en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, reservado a los actos solemnes.

Visiblemente emocionado, Juan Carlos, de 76 años, que mantendrá de por vida el título honorífico de rey, recibió una gran ovación de los cerca de 160 asistentes, entre ellos sus nietas, Leonor, de 8 años, nueva heredera al trono, y Sofía, de 7 años, sentadas en primera fila.

El rey, sentado junto a su esposa Sofía y la nueva pareja real, Felipe y Letizia, escuchó con los ojos empañados por la emoción la relectura del discurso con el que el 2 de junio anunció su decisión de abdicar.

La ley, elaborada para regular una abdicación inédita en la actual democracia española, había sido aprobada por muy amplia mayoría en ambas cámaras del Parlamento, pese a la oposición de partidos pequeños que piden un referéndum para elegir entre monarquía y república.

En un acto sin discursos, Juan Carlos tuvo un gesto hacia su hijo, de 46 años, para simbolizar el paso del testigo en la primera sucesión en la jefatura de Estado desde la restauración de la democracia tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975.

Tras firmar la última ley de su reinado, abrazó efusivamente al que a partir de medianoche (22H00 GMT) se convertirá en el nuevo monarca y el jueves jurará como Felipe VI.

Con el uniforme de gala militar y luciendo el fajín de seda roja correspondiente a su nuevo papel de capitán general de los ejércitos, Felipe asumirá el trono jurando fidelidad a la Constitución de 1978 en el Congreso, ante los diputados y senadores.

La jornada, exclusivamente laica, sin invitados extranjeros y en ausencia del propio rey Juan Carlos -que quiso ceder el protagonismo a su hijo-, intentará combinar la sobriedad requerida por los tiempos de crisis con la proximidad con una ciudadanía que empieza a cuestionar la institución.

Tras pronunciar su primer discurso como rey y presidir un desfile militar, Felipe y la reina Letizia recorrerán en coche el centro de Madrid, que se engalanaba este miércoles en su honor.

Cerca de 16.000 geranios, crisantemos, lirios y petunias decorarán las calles de Madrid junto a centenares de banderas españolas de color rojo y amarillo.

"Hay un aire de fiesta", afirmaba Carlos Tesorero, un madrileño de 60 años, que admiraba la fachada del Congreso, engalada con un enorme dosel rojo y oro con el escudo de la España constitucional.

"Parece más bien un partido de fútbol, mucha bandera", bromeaba por su parte José Alberto Cajiros, un estudiante de 20 años, mientras el país estaba pendiente del partido crucial de su selección contra Chile en el mundial de Brasil.

Una pantalla gigante en el centro de Madrid retransmitirá en directo la proclamación del nuevo rey, y se espera que unas 10.000 personas acudan a la Plaza de Oriente para ver a Felipe VI y Letizia cuando salgan al balcón del Palacio Real a saludar junto a sus hijas y a Juan Carlos y Sofía.

Alrededor de 7.000 policías garantizarán la seguridad de la jornada. Pequeñas manifestaciones prorrepublicanas fueron convocadas en señal de protesta pero las autoridades las prohibieron.

Una recepción con 2.000 invitados y embajadores extranjeros cerrará la jornada.

El crédito de la monarquía, fundamental en los inestables años de la transición democrática, decayó en los últimos años por escándalos como la imputación judicial de su la infanta Cristina, hija menor de Juan Carlos, o la costosa cacería a Botsuana del monarca, en plena crisis económica.

Recuperar el prestigio perdido es el difícil reto que se abre ante Felipe VI que, aunque dispone de una buena imagen ante los españoles, tendrá poco poder de decisión para abordar los principales problemas del país.

El más urgente parece ser el desafío independentista catalán, donde al gobierno autonómico convocó para el 9 de noviembre un referéndum al que Madrid niega cualquier validez legal.

Este conflicto puede ser la primera prueba de fuego del nuevo rey, que conoce bien la región y habla fluidamente el catalán.


Recibe todos los días en tu mail los titulares más importantes

Es momento de sentir, nuevamente, la adrenalina. #PonteC7