Juan Pablo II, el "beato" que recorrió toda América Latina

CIUDAD DEL VATICANO (AFP). El papa Juan Pablo II, beatificado este domingo, visitó América Latina de punta a punta, de la Patagonia al Caribe, de Brasil al Pacífico, donde fue recibido por presidentes y generales, colmó estadios y plazas y condenó a los teólogos revolucionarios.

El llamado "Papa viajero" visitó 26 países de América Latina, la mayoría de las veces en momentos críticos para el continente más católico del planeta.

En sus viajes al que solía llamar el "continente de la esperanza" tuvo palabras de aliento para los indígenas y mineros explotados, para los campesinos perseguidos, para los políticos maniatados ideológicamente y contra las dictaduras y se empeñó en luchar por conseguir mejores condiciones para los pobres.

Al mismo tiempo condenó sin titubear a aquellos que buscaban salidas radicales a esos problemas, desaprobando claramente la "teología de la liberación", tachando de "rojos" a los obispos comprometidos y a sus comunidades de base.

"Deben tener una mejor relación con los gobiernos de sus países", increpó el Papa polaco en 1979 a los obispos de la región, cuando la mayoría de los países de América Latina estaban siendo gobernados por dictaduras militares o regímenes de derecha.

La jerarquía de la Iglesia católica ante la disyuntiva de tener que respaldar movimientos revolucionarios, como la teología de la liberación, optó por apoyar a los movimientos ultraconservadores, como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, fuertemente radicados en toda la región.

Inclusive desoyó las denuncias de pedofilia contra el padre mexicano Marcial Maciel, fundador en México de la influyente congregación Legionarios de Cristo, quien fue condenado luego por abusos sexuales a menores y mantuvo una doble vida con dos mujeres y varios hijos.

Entre los viajes más emblemáticos fue el que realizó a Cuba en 1998, ya anciano y enfermo, cumpliendo el sueño de visitar el último bastión del comunismo, pese a su acérrimo desprecio al marxismo.

Sorprendió la relación que estableció con el entonces líder máximo de la revolución cubana, Fidel Castro, quien asistió a varias misas y ceremonias, si bien representaba uno de los Estados más laicos del continente.

La dura condena al embargo económico impuesto por Estados Unidos a la isla comunista marcó ese viaje tachado de "histórico", en el que lanzó su legendario mote: "Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba".

El pontífice que se enfrentó por igual contra al ateísmo comunista y contra los excesos del capitalismo, tuvo siempre una relación de afecto y cercanía particular con América Latina.

Con espíritu de pastor, pero desafiando las reglas de los propios dictadores, visitó la Argentina de los militares durante la guerra con Inglaterra por las Malvinas (1982), la Guatemala del general Efraín Ríos Montt (1983), el Chile del general Augusto Pinochet (1987) y el Paraguay del general Alfredo Stroessner (1988).

Entre los viajes que suscitaron polémica fue el que realizó a América Central en 1983, al inicio de su largo pontificado de casi 27 años.

En Nicaragua, reprendió en directa televisiva mundial al entonces sacerdote y ministro revolucionario, el poeta Ernesto Cardenal, por el cargo que ocupaba.

Cardenal, un pilar de la Teología de la Liberación, se mostró recientemente sorprendido por la beatificación de quien "protegió" a acusados de pedofilia.

Condenó a la llamada "Iglesia popular", cercana a la izquierda, con cinco sacerdotes católicos en el gobierno revolucionario nicaragüense, por considerarla un "desvío" de la Iglesia.

No menos controvertida fue la visita a Chile en 1987. No por el viaje en sí mismo, sino porque Juan Pablo II se asomó al balcón del Palacio de la Moneda -tristemente célebre porque fue donde murió el presidente socialista Salvador Allende, derrocado por Pinochet-, aceptando que se lo fotografiara con el dictador, hecho que fue interpretado casi como una anuencia a su gestión.

Con Pinochet y los dictadores argentinos había tenido que ver algunos años antes, a partir de 1979, momento en el que se transformó en mediador oficial entre los dos países, que estuvieron a punto de ir a la guerra por un diferendo limítrofe referido al Canal de Beagle (sur), uno de los mayores éxitos diplomáticos de la Santa Sede.

Con el dictador chileno tendría años más tarde (1993) una especial deferencia, al enviarle un telegrama con la bendición apostólica con ocasión de sus bodas de oro.

En Brasil, el país con más católicos del planeta y que visitó cuatro veces, las sectas plantearon uno de los grandes desafíos de su pontificado.

Sus últimos viajes fueron a México y Guatemala, a mediados de 2002.

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