Juan Pablo II, un Papa abierto al diálogo

CIUDAD DEL VATICANO (AFP). El papa Juan Pablo II, que será proclamado beato el 1º de mayo, fue una figura carismática que abogó por el diálogo con otras religiones y desempeñó un importante papel en el derrumbe del comunismo, pero con posturas morales conservadoras que le valieron la incomprensión de muchos fieles.

El primer papa eslavo -y 264º pontífice que ocupó el trono de Pedro- será beatificado por su sucesor, Benedicto XVI.

Elegido el 16 de octubre de 1978 como sucesor de Juan Pablo I, el papa polaco falleció el 2 de abril del 2005 tras una larga enfermedad que el mundo entero siguió paso a paso.

Karol Wojtyla había nacido en Wadiwice, cerca de Cracovia (Polonia), el 18 de mayo de 1920 en una familia modesta.

Su padre, Karol, aprendiz de sastre como su abuelo, fue llamado a las armas en 1900 por el ejército de ocupación austriaco y llegó a oficial en 1915.

El joven Karol, quien tuvo que trabajar en una mina de sodio para ganarse la vida, prosiguió con tenacidad los estudios secundarios y universitarios.

Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la Alemania nazi ocupó su país, animó un grupo de teatro clandestino y terminó sus estudios de seminarista, ordenándose como sacerdote en 1946.

Después de haber sido profesor de Teología, en 1964 fue nombrado obispo de Cracovia, por lo que participó en el Concilio Vaticano II. En 1967 llegó a cardenal.

Su pontificado pasó a la historia por los viajes apostólicos realizados en el mundo entero y por haber renovado a la Iglesia Católica, tras la crisis posconciliar provocada por las reformas iniciadas con el Vaticano II, consideradas demasiado radicales por algunos.

Muy pronto impuso un estilo que contrastaba con los usos de la Curia romana y se acercó a la gente, sin temer el contacto directo con los fieles.

El 13 de mayo de 1981 estuvo al borde la muerte, cuando el turco Ali Agca lo hirió de tres balas en el abdomen y la mano.

A lo largo de su pontificado -uno de los más extensos de la historia de la Iglesia-, se pronunció por la paz y el entendimiento internacional, la defensa de los derechos humanos, la promoción de una gran Europa del Atlántico a los Montes Urales y la solidaridad entre el Norte y el Sur.

En sus numerosos discursos y ensayos también propició la reconciliación con los judíos y el diálogo con los mahometanos y con otras confesiones, al tiempo que adoptaba una línea suamamente conservadora en temas relacionados con la familia y la moral.

Para ciertos sectores de la opinión pública, la principal sombra de su obra concierne su firme rechazo a los métodos anticonceptivos y al uso del preservativo en un mundo donde el sida se cobraba millones de víctimas. Esas posturas crearon incomprensión entre los propios feligreses católicos.

Actualmente, hay quienes le reprochan su falta de determinación y transparencia para tratar las denuncias de abusos de pedofilia por parte de responsables religiosos.

Para contrarrestar los cuestionamientos de teólogos, Juan Pablo II se apoyó en grupos de prácticas férreas, que dieron a la iglesia una imagen reaccionaria, como los carismáticos o el Opus Dei.

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