Llantos y gritos de júbilo para recibir a los exrehenes del EI en Siria

Hace algo más de una semana, Manaf creía que su vida pendía de un hilo. Este fin de semana, fue recibido como un héroe, junto con otros 24 exrehenes del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en una ciudad del centro de Siria.

"Había muerto y he vuelto a la vida", confió a la AFP en Al Qariatain, una ciudad capturada a principios de octubre por el EI antes de que el grupo ultrarradical fuera expulsado, veinte días después, por el ejército sirio.

Pero antes de que les arrebataran la localidad, los yihadistas cometieron una masacre y ejecutaron a por lo menos 116 civiles a los que acusaban de colaborar con las tropas del régimen, según la oenegé Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Los yihadistas también secuestraron a 38 hombres jóvenes, según el régimen.

Algunos de ellos, como Manaf y su hermano Mohamad, consiguieron huir. Fueron llevados el domingo hasta Al Qariatain en un autobús del ejército sirio, que organizó una visita de prensa para la ocasión.

A su llegada, cientos de habitantes se precipitaron hacia la plaza principal para recibirlos. Colmadas por la emoción, las madres se daban empujones para abrirse camino y poder ver por fin a sus hijos.

Trece hombres jóvenes seguían secuestrados, mientras que sus familias, angustiadas, no sabía nada acerca de su suerte.

Los jóvenes que volvieron sanos y salvos fueron portados a hombros y aclamados por los habitantes, que los acogieron con gritos de júbilo y tirándoles arroz.

De repente, Manaf ve a sus padres y a su hermana pequeña entre la multitud. Corre y abraza a su madre en primer lugar, llorando.

"Mi alegría es indescriptible [...] No quiero nada más de la vida, he vuelto con mis padres", exclama el joven, de 20 años.

Su madre, Um Manaf, apenas consigue contener su alegría al abrazar a sus dos hijos, Manaf y Mohamad.

"Los dos han vuelto, gracias a Dios todopoderoso", vocifera la mujer de 50 años, velo marrón estampado y abrigo negro.

Abrazando a Manaf con fuerza, no deja de repetir: "mi amor, mi vida", antes de besarle y agarrar su cara entre sus manos.

La hermana pequeña, con sus trenzas decoradas con un lazo rosa, se echa sobre Manaf, que la lleva, riendo. El padre, Haitham, con los ojos llorosos, no para de repetir con orgullo: "Sois unos héroes".

"Había perdido toda esperanza de volver a verlos, pensaba que ellos [los yihadistas] iban a matarlos pues no tienen humanidad", agrega.

A la entrada de la ciudad, las vitrinas de las tiendas todavía tienen los escritos garabateados por el EI: "el Estado [Islámico] perdurará" o "el califa Abu Bakr Al Bagdadi", jefe de la organización yihadista.

En cambio, en las paredes de enfrente han aparecido otros lemas después de la expulsión de los yihadistas: "O Asad o nadie", en alusión al presidente sirio, Bashar Al Asad.

Cuando los yihadistas llegaron a Al Qariatain, "oímos disparos intensos. Nos atrincheramos en casa", cuenta Manaf. Desde lo alto de los minaretes, el EI instaba a todos los habitantes a quedarse en sus casas.

Pero, después, los yihadistas empezaron a irrumpir en las viviendas, forzando a los jóvenes a salir.

"Creíamos que nos esperaba la muerte", recuerda Manaf. El lunes pasado, tras haber sido conducido por el EI a un lugar desconocido, logró huir con otros jóvenes y alcanzar la barrera del ejército más cercana.

Pero, mientras que las familias se congraciaban de la vuelta de sus hijos, otros lloraban a sus familiares asesinados por el EI.

"Los yihadistas entraron en el refugio donde me encontraba con otros vecinos de mi barrio", recuerda Mohamad Jeir, de 45 años.

Dos días antes de que entrara el ejército en la ciudad, "tomaron a mi hermano y a otros tres jóvenes", afirma este hombre, suspirando.

Espera tener noticias de su hermano durante horas y recuerda, espantado, haber visto por la ventana a los yihadistas matando a disparos a 11 personas. "Disparaban contra los transeúntes en la plaza".

Cuando el EI se hubo retirado, corrió hacia un edificio que se sabía que los yihadistas habían transformado en prisión.

"Cerca de la entrada, vi a mi hermano, yaciendo en un mar de sangre, con una bala en la cabeza", cuenta Mohamad, que afirma que vio otros cuerpos. "Quiero armarme para vengar a mi hermano".


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