Llegó la hora de Brasil, según un libro

Por MICHAEL ASTOR (AP). Cuando Larry Rohter dejó de trabajar como jefe de la oficina del diario The New York Times en Brasil, era probablemente el corresponsal extranjero más odiado en ese país.

A pesar de años de cobertura equilibrada, profunda, no le perdonaron un artículo con fuentes dudosas en el que dijo que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva tenía problemas con la bebida. El despacho generó un verdadero escándalo y casi provocó su expulsión del país.

Otro reportaje según el cual la famosa "chica de Ipanema" estaba engordando tampoco cayó nada bien, sobre todo cuando se comprobó que las mujeres regordetas de las fotos que ilustraban la nota eran turistas.

Las situaciones incómodas que vivió allí, no obstante, no afectan su imparcialidad y su nuevo libro, "Brazil on the Rise" (Brasil en pleno ascenso) hace una presentación justa y bastante positiva de una nación que, según se dice desde hace ya algún tiempo, es "el país del futuro".

El libro plantea la posibilidad de que "tal vez, el futuro ya llegó".

Rohter hace un buen resumen de la historia y la idiosincrasia de los brasileños antes de enfocarse en la economía y analizar por qué un país con tantos recursos naturales está a punto de alcanzar la prominencia mundial que se le venía negando hasta ahora.

Superada la inflación que causó estragos a mediados de la década de 1990, Brasil goza hoy de "una de las economías más equilibradas y diversificadas del mundo", afirma Rohter.

Las exportaciones están en pleno ascenso, las reservas de divisas extranjeras superan los 250,000 millones de dólares y la bolsa de valores de Sao Paulo subió un 87% en el 2009, más que cualquier otra bolsa del mundo.

Además de su tradicional riqueza agrícola y minera, Brasil exporta ahora productos manufacturados, incluso aviones jet.

El país, por otra parte, produce abundante energía: a lo largo de la cuenca del Amazonas se están construyendo represas, los automóviles son propulsados por etanol derivado de la caña de azúcar y acaban de descubrirse enormes reservas de petróleo frente a la costa brasileña.

El hecho de haber recibido las sedes de la Copa Mundial de fútbol del 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016, a realizarse en Río de Janeiro, son una confirmación de que llegó la hora de Brasil.

Los capítulos siguientes presentan un panorama más complicado y Rohter cuestiona las políticas hacia la selva amazónica y el sistema político brasileño.

Destaca que la burocracia, la corrupción y una enorme deuda social todavía podrían anular los grandes progresos de los últimos años y restablecer los tradicionales altibajos, con períodos de expansión seguidos por épocas de grandes retrocesos.

Un capítulo titulado "Becoming a 'Serious Country'" (Cómo ser un país serio) se interna en un territorio peligroso y Rohter habla de un profundo complejo de inferioridad de un país "en el que los lamentos por su escasa figuración mundial pueden ser, por momentos, ensordecedores".Rohter menciona sus problemas con el presidente como un ejemplo de lo susceptibles que pueden ser los brasileños. Este argumento probablemente refuerce las opiniones negativas que tienen los brasileños de él, lo que en el fondo confirmaría su tesis.

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