Maduro se encamina a su reelección pese a la profunda crisis en Venezuela

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se encamina a su reelección pese a la profunda crisis del país, tras unos comicios con modesta afluencia, boicoteados por la oposición y desconocidos por gran parte de la comunidad internacional.

La votación, para la que fueron llamados 20,5 millones de electores, terminaba a las 06H00 locales (10H00 GMT), pero centros electorales continuaban abiertos dos horas después, alimentando especulaciones de un acarreo de votos de última hora por parte del gobierno ante una alta abstención.

Durante la jornada, muchos colegios estuvieron semivacíos, con mayor afluencia en los barrios populares bajo influencia chavista. El experto electoral Eugenio Martínez proyectó una participación de 42% que, con la extensión de la votación, subiría a 48%.

No obstante, Delcy Rodríguez, del comando de campaña de Maduro, aseguró que hubo una "masiva" participación. "Salieron derrotados los extremistas", celebró.

La opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) promovió la abstención al boicotear un proceso que considera una "farsa" para perpetuar a Maduro en el poder. Pero el exchavista Henri Falcón se separó de sus filas, esperando capitalizar la impopularidad de 75% del mandatario.

El Frente Amplio, que agrupa activistas de la MUD y organizaciones sociales, pidió a Falcón y al también candidato Javier Bertucci "desconocer" un resultado que "ya está cocinado".

Falcón y Bertucci, un pastor evangélico, denunciaron "chantajes" del oficialismo con los "puntos rojos", donde el gobernante partido socialista registra a los votantes a través de un carné necesario para recibir ayuda social.

Con una oposición dividida y sus principales líderes inhabilitados o presos, y con un vasto poder institucional con los militares al frente, Maduro tenía según analistas casi seguro su segundo mandato de seis años, que comenzará en enero de 2019 pues los comicios fueron adelantados.

El país sufre una de las peores crisis de su historia, con una severa escasez de alimentos y medicinas, y un altísimo costo de vida. Cientos de miles emigraron en los últimos cuatro años.

Venezuela está en ruinas: El FMI estima la caída del PIB en 15% y la hiperinflación en 13.800% para 2018. El país y la petrolera PDVSA están en default parcial desde 2017 y la producción de crudo cayó al peor nivel en 30 años.

"La economía que tenemos hoy no nos sirve porque fue infectada de neoliberalismo", dijo este domingo Maduro, exchofer de bus y sindicalista de 55 años en el poder desde 2013, prometiendo cambios para traer "prosperidad".

El mandatario se beneficia de los leales al fallecido Hugo Chávez (1999-2013) y de la dependencia de sectores populares de programas sociales y clientelistas.

"La cosa está dura pero es culpa de la guerra económica", dijo Rafael Manzanares, de 53 años, quien vive de la caja de alimentos subsidiados que vende el gobierno.

Maduro culpa de la debacle a esa "guerra de la derecha" aliada con Washington, pero sus adversarios le atribuyen un desastroso manejo de la economía.

Falcón, exmilitar retirado de 56 años, propone dolarizar la economía, revertir expropiaciones y aceptar ayuda humanitaria.

"Mis cuatro hijos se fueron a Colombia para poder enviarme dinero", aseguró Maritza Palencia, de 58 años, quien votó por un "cambio".

En varios países, migrantes venezolanos realizaron pequeñas protestas contra los comicios. En el Vaticano, el papa Francisco oró para que Venezuela encuentre "el camino de la paz y la unidad".

Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea (UE) y una docena de países latinoamericanos sostienen que la elección no es justa ni transparente y acusan a Maduro de socavar la democracia. El presidente reiteró este domingo que le "resbala" que le digan "dictador".

El mandatario advirtió que hará "respetar aquí y en el mundo (...) la voluntad del pueblo", y exigió cesar la "feroz campaña" internacional en su contra.

Casi todo el círculo del gobernante está sancionado por la UE y Washington, que recién sumó al número dos del chavismo, Diosdado Cabello, a su lista de 70 autoridades venezolanas sancionadas -incluido Maduro-.

"La farsa de las elecciones no cambia nada", aseveró este domingo el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo.

Estados Unidos, al que Venezuela vende un tercio de su producción de crudo, prohibió a sus ciudadanos negociar deuda venezolana y amenaza con un embargo petrolero.

"Donald Trump está decidido a aumentar la presión", cree el internacionalista Mariano de Alba.

Pero Maduro confía en que esos gobiernos finalmente lo reconocerán, así como en el apoyo de China y Rusia y de la, hasta ahora incondicional, cúpula militar.

"La crisis es tan severa que puede provocar o una fricción dentro de la alianza cívico-militar gobernante o una ruptura social de mayor escala", advirtió Crisis Group.

Más de 300.000 soldados custodiaron los 14.600 centros que abrieron a las 10H00 GMT. El poder electoral no ha informado a qué hora dará un primer boletín.

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