Manipulación del clima: ¿quién tomará las grandes decisiones?

CHICHELEY, Inglaterra ( AP). Se retiraron a la tranquilidad de una mansión inglesa campestre, para pensar lo impensable.

Científicos especializados en asuntos de la tierra, mar y aire, académicos conocedores de las leyes, la política y la filosofía: En tres intensos días aislados detrás de los viejos muros de ladrillo de Chicheley Hall, donde alguna vez se entrenaron saboteadores británicos, 48 eruditos internacionales analizaron la suerte del planeta al hacerse más cálido, considerando la idea de reflejar el Sol para enfriar la atmósfera, debatiendo la hipótesis de quién adoptará la decisión.

Los riesgos desconocidos de la "geoingeniería" _ y este es el caso, fisgoneando con el clima de la Tierra oscureciendo los cielos _ plantean muchas incógnitas.

"Si pudiésemos experimentar con la atmósfera y jugar a ser Dios, es algo muy tentador para los científicos", según el especialista keniano Richard Odingo. "Pero me preocupa" esa posibilidad.

Persiste el temor a un aumento de las temperaturas --¿en 20 años? ¿quizá en 50?-- que transforme radicalmente el mundo de hoy al derretir gran parte de Groenlandia, alterar los monzones en la India y el sudeste asiático y acabar con la fauna marina.

Si no se emprende ahora la ingeniería del clima, según los científicos, el mundo encara sombrías posibilidades en una emergencia. "Si no entendemos las implicaciones y llegamos a una crisis y recurrimos a la geoingeniería solamente con un mínimo de conocimientos, jugaremos a la ruleta rusa", dijo el científico Steven Hamburg, del Fondo del Medio Ambiente de Estados Unidos.

El tema se ha tornado más acuciante al fracasar durante años las negociaciones para implantar un acuerdo a largo plazo que permita limitar las emisiones de dióxido de carbono y otras emisiones que causan el efecto invernadero. La Comisión Internacional sobre el Cambio Climático, un organismo de la ONU, cree que la temperatura aumentará hasta 6,4 grados centígrados (11,5 grados Fahrenheit) para el 2100, con el aumento del nivel del mar y alterando el clima que permitió la civilización humana.

La Real Academia de Ciencias de Gran Bretaña organizó la conferencia de Chicheley Hall con la EDF de Hamburgo y la asociación de academias de ciencias del mundo en desarrollo. Invitaron a prominencias de todos los organismos científicos y legales de los seis continentes para analizar cómo debería encarar la geoingeniería.

Un reportero de Associated Press fue invitado a asistir a los coloquios, en la sede de la Real Sociedad de Ciencias situada a 65 kilómetros (40 millas) al noroeste de Londres.

"Existe una peligrosa tendencia de que en cuanto se empiece esta investigación, parece que es permisible pensar sobre cosas que deberían ser impensables", dijo el académico Steve Rayner, codirector del programa de geoingeniería de la Universidad de Oxford. Muchas de las técnicas de geoingeniería analizadas parecieron inútiles o inefectivas.

Pintar los tejados de blanco para que reflejen el sol es un gesto realizable, Cubrir los desiertos con material reflectante es un desafío lógico y seguramente una amenaza para el medio ambiente. Lanzar al espacio espejos gigantescos es muy caro.

Por otra parte, sembrar los océanos con hierro para cultivar el plancton que se alimenta del CO2 es prometedor. En Massachusetts, el centro de investigaciones marinas de Woods Hole planea ese experimento a gran escala. Otra posibilidad son las nubes marinas: los científicos del Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Colorado trabajan en el diseño de una prueba que haría brillar las nubes oceánicas con partículas de sal marina para reflejar el sol.

Empero, estas técnicas son de escala limitada por necesidad, sin posibilidad de alterar en calentamiento del planeta. Solamente una idea con aplicaciones prácticas ha surgido hasta ahora.

"El concepto con mayores probabilidades de éxito es el uso de partículas estratosféricas de aerosol", dijo el especialista en clima John Shepherd, de la británica Universidad de Southampton, que expuso su teoría en Chicheley Hall.

Esas partículas serían sulfatos capaces de reflejar el sol y dispersadas en la parte baja de la atmósfera desde aviones, globos u otros medios, de forma parecida al el dióxido de sulfuro por la erupción en 1991 del volcán Pinatuvo, en las Filipinas, que según cálculos enfrió el mundo en 0,5 grados centígrados (0,9 grados F) durante un año.

Los ingenieros de la Universidad de Bristol, en Inglaterra, piensan probar su posibilidad y arrojar sulfatos en la atmósfera mediante una manguera de varios kilómetros de longitud conectada a un globo que la arrastrase.

Todas las discusiones desembocaron en el mismo tema: cómo supervisar las investigaciones.

Muchos ambientalistas se oponen categóricamente a que se altere intencionalmente la atmósfera de la Tierra o el menos insisten en que esa decisióno quede en manos de las Naciones Unidas, dado que todos los países sobre la Tierra son afectados por lo que ocurre en la atmósfera.

En el encuentro de marzo en Chicheley Hall, no obstante, los expertos dieron casi por sentado que una coalición de naciones con grandes capacidades científicas, encabezada por Estados Unidos y Gran Bretaña, podría dirigir las investigaciones, invitando tal vez a China, India, Brasil y otras potencias a que se unan a una especie de G-20 científico.

El paso siguiente, según los asistentes a la conferencia, sería formar una comisión independiente de expertos que analice los riesgos de los experimentos propuestos y aprueben la investigación, no el uso, de algún método. La implementación requeriría más debates.

Al igual que Isaac Newton y Charles Darwin, John Shepherd es miembro de la venerable Sociedad Real, pero enfrenta un mundo que esos pioneros de la ciencia jamás hubieran imaginado.

"No me entusiasman estas ideas", dijo Shepherd a sus colegas en Chicheley Hall. Pero admitió que no hay otra salida y que se debe investigar el tema.

Hay quienes ya hacen cálculos políticos.

Si se comprueba que contaminantes estratosféricos pueden revertir el calentamiento global, "se llegaría a la conclusión de que la alternativa a reducir las emisiones es bloquear el sol", señaló Hamilton. "Tal vez nunca volvamos a ver un cielo azul".

Si, por el contrario, los resultados son negativos, o los riesgos resultan demasiado altos, y el impacto del calentamiento global se hace cada día más evidente, la gente verá que no hay otra alternativa a la reducción del uso de combustibles fósiles, según Hamburg, de EDF.

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