Médico haitiano convierte su casa en clínica improvisada

PUERTO PRINCIPE (AP). Poco después que el terremoto destruyera casi todas las viviendas alrededor de la del médico Claude Surena, una caravana de dolientes empezó a llegar a su casa intacta en busca de ayuda.

Durante años, el pediatra de 59 años atendió a los enfermos en su casa de dos pisos cerca del centro de la capital haitiana. De pronto se vio manejando un improvisado centro médico para más de 100 víctimas en su propio jardín, con alimentos y suministros rescatados de las casas vecinas derrumbadas.

Su hogar suministra al menos un nivel mínimo de consuelo frente a la devastación, aun a los agonizantes, mientras otros miles de personas en la ciudad viven sobre los escombros polvorientos y bajo el sol implacable a la espera de ser atendidos por un puñado de médicos.

"Tengo que agradecer a quien me haya traído", dijo Steve Julien, quien dice que sólo recuerda, antes de perder el conocimiento, la voz de los rescatistas que gritaban su nombre mientras removían los escombros de su casa.

Cuando se despertó, yacía sobre un colchón en el jardín de la casa de Surena.

"Es una bendición de Dios que mi casa esté segura", dijo el médico. "Por lo menos hemos podido hacer algo por todos".

Los pacientes tienen heridas físicas y emocionales después de ver desplomarse sus casas. Julien, de 48 años, está entre los heridos más leves. Otros padecen fracturas múltiples y heridas profundas. Surena dijo que por lo menos 10 pacientes necesitan urgentemente una ayuda más sustancial.

Los heridos entonan himnos cristianos mientras se acurrucan debajo de sábanas improvisadas como carpas, pero los recuerdos del temblor todavía los acosan. Hasta el viernes por la mañana seguían los remezones.

"A veces empiezan a llorar. Todavía se sienten algunos movimientos", dijo el médico, que también es el titular del distrito de la agencia de emergencias de Haití.

Las condiciones en su casa distan de ser ideales. Se emplean baldes de plástico a manera de recipientes para excretar y para algunos pacientes Surena puede hacer poco más que cambiar las vendas sobre las heridas infectadas, pero así y todo están mejor que muchas de las víctimas en Puerto Príncipe, la capital haitiana de tres millones de habitantes.

Surena se recibió de médico en Haití y pasó un año en la Universidad de Illinois entrenándose en neonatología. Ha atendido su guardia con la ayuda de otros dos médicos, incluyendo un ginecólogo estadounidense, Frantz Python, que estaba trabajando en el área cuando se produjo el terremoto.

Dieciocho de sus pacientes murieron. Ningún caso lo conmovió más que el de una embarazada que murió poco después de empezar sus contracciones el martes por la noche, probablemente a causa de una hemorragia interna. Pese a una cesárea con elementos rudimentarios, no pudo salvar al bebé.

Sin embargo, los pacientes dicen que saben que el médico hace todo lo que puede.

Un sastre de 39 años, Roger Hubert, tenía vendas sobre sus heridas y un cabestrillo por un brazo fracturado. "Teniendo en cuenta lo que hay aquí, nos están cuidando bien", comentó Hubert.

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