Minas de oro y su legado tóxico en Sudáfrica

RANDFONTEIN, Sudáfrica (AP). Cuando llueve en el precario asentamiento de Tudor Shaft, las calles se vuelven un lago de agua naranja con olor a vinagre.

Los expertos aseguran que esa agua contiene minerales radiactivos y ha aniquilado toda vida acuática en un río cercano.

Tudor Shaft adoptó su nombre, así como sus problemas, de una mina de oro abandonada.

Esa mina representa sólo una fracción de un legado tóxico ignorado por mucho tiempo de la industria más famosa de Sudáfrica.

La minería representa 17% de toda la producción de Sudáfrica y el país es el cuarto mayor exportador de oro del mundo. Sudáfrica se ubica sobre una veta madre que se extiende miles de kilómetros (millas) desde Johannesburgo hasta el campo.

Los activistas sociales miran ahora hacia la causa ambiental después de que se interesaran primero por el desmantelamiento del apartheid y luego en mejorar el nivel de vida.

Todos hablan de las secuelas de la minería en el parlamento así como en artículos periodísticos. Sin embargo, nadie ha asumido la responsabilidad ni el financiamiento de una operación de limpieza que dejaría como secuela una merma de las ganancias.

Johannesburgo está asentada prácticamente en una mina de oro. Pilas de tierra con minerales son el paisaje de fondo de los rascacielos y puentes de la ciudad.

El estadio FNB, el principal escenario de la Copa Mundial de fútbol de 2010, se ubica al pie de un tiradero de la mina.

El parque de diversiones Gold Reef City de Johannesburgo incluye un descenso de paseo por el tiro de una mina.

La ciudad de 3,2 millones de habitantes se desarrolló debido a la bonanza del oro descubierto a principios de la década de 1900.

En la actualidad, cuando una compañía minera retira alguno de los tiraderos mineros ubicados en los alrededores de Johannesburgo para reprocesar material, expertos afirman que la ciudad pierde un poco de su patrimonio.

Las peores secuelas ambientales se sienten en lugares como Tudor Shaft, a 40 kilómetros (25 millas) de la ciudad.

En esta localidad, los niños de Patrick Mkoyo corren descalzos y tienen los pies teñidos de rojo debido a la tierra contaminada. Mkoyo asegura que a veces su chicos regresan a casa con sarpullido o dificultades para respirar.

"No están bien aquí, pero qué más puedo hacer, no tengo otro lugar donde quedarme", dijo Mkoyo, de 35 años, mientras batía la comida familiar de copos de harina de maíz en su choza, a la que caracteriza la pulcritud.

Los médicos aseguran que desconocen qué causa los problemas de salud de los niños. Sin embargo, Chris Busby, profesor de la Universidad de Ulster de Irlanda del Norte, dice que posiblemente él tiene la respuesta.

Analizó en diciembre el suelo alrededor de la choza de Mkoyo y determinó que contenía al menos 32 veces la cantidad de radiactividad que permiten las normas gubernamentales.

Busby preparó el informe para la Federación del Ambiente Sustentable, un grupo privado de Johannesburgo que quiere que las autoridades y la población en general presten atención al problema del agua contaminada.

Según Terence McCarthy, profesor de minerales en la Universidad de Witwatersrand, de Johannesburgo, la radiactividad se debe a residuos de uranio en la piedra sacada de las minas y que conforma los tiraderos del lugar.

Los residuos de uranio son arrastrados al suelo y a los sistemas fluviales por el agua de las lluvias.

El agua ácida disuelve y licúa los metales, entre ellos el uranio, contenidos en las rocas de las minas, dijo Anthony Turton, profesor de administración ambiental de la Universidad del Estado Libre. El uranio licuado, tóxico y radiactivo, sale al exterior de las minas, afirmó.

La acidez excesiva del agua puede eliminar la vida en los ríos, explicó Turton.

El problema no ha alcanzado todavía Johannesburgo, pero una cuenca minera en la ciudad se ha desbordado y otra está por desbordarse bajo el centro de la ciudad, según expertos.

Además de Tudor Shaft, otras partes de las afueras de la ciudad resienten los daños del agua tóxica de las minas.

Esas aguas llegan a los ríos y las comunidades a un ritmo mayor con los aguaceros de los últimos meses, dijo Mariette Liefferink, jefa ejecutiva del grupo particular Federación para el Ambiente Sustentable.

Pasto manchado de amarillo, lodo naranja y ríos sin vida predominan en el oeste de Johannesburgo así como en Soweto, uno de los municipios geográficamente más grandes de Sudáfrica.

No se han efectuado estudios sobre las repercusiones en la salud del agua tóxica, dijo Liefferink, pero diversos informes científicos han documentado sus efectos destructivos en los ecosistemas, el suelo y el agua.

Peter Cronshaw, asesor de economía en minerales de la firma Tegritas Financial Services, dijo que el coste de una operación de saneamiento aceleraría la declinación que registra la industria minera de Sudáfrica.

Esta situación golpearía en particular a las pequeñas compañías, pero no a la industria global del oro, agregó.

La disminución de la oferta de oro del país significa que ha aumentado el número de minas abandonadas.

Sudáfrica aportó 206 de las 2.652 toneladas métricas de oro extraídas en 2010 en el mundo, dijo Philip Newman, director de pesquisas de la firma GFMS Ltd., la cual se dedica a la investigación de metales preciosos y tiene oficinas centrales en Londres.

Sudáfrica es el cuarto mayor productor de oro en el mundo después de China, Australia y Estados Unidos.

Todas las minas abandonadas en el mundo producen residuos tóxicos que van a dar a la tierra o los ríos, pero el problema representa una amenaza mayor en Sudáfrica, dijo Turton.

Johannesburgo, a diferencia de la mayoría de las ciudades mineras, tiene una población densa y es un centro económico. Encima de eso, dijo Turton, la industria minera en Sudáfrica ha funcionado casi sin restricciones.

Durante el apartheid, los gobernantes dependían de los ingresos de las exportaciones de oro que mantenían altos precios y con los que compensaban las pérdidas que les ocasionaban las sanciones económicas internacionales por la discriminación a los negros.

"Hubo poquísima supervisión del gobierno y las compañías mineras no hicieron nada, durante 120 años estuvieron en una fiesta", expresó Turton.

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