Mujer logra catarsis ante asesinato de su hijo en Srebrenica

SARAJEVO, Bosnia-Herzegovina (AP). Tres huesos entregados a Kada Hotic le han quitado algo de su pena. Podría sonar como poca cosa tras casi dos décadas de angustia, pero para ella significan todo.

Dos huesos de la pelvis y un fragmento de mandíbula inferior son los únicos restos recuperados de Samir, el hijo de Hotic, asesinado por las fuerzas serbias durante las matanzas perpetradas en Srebrenica.

Los huesos fueron exhumados este año e identificados, por lo que ahora Samir y otras 612 víctimas identificadas en fecha reciente tendrán un funeral apropiado.

"Me dicen que ya no debo buscar más", afirmó Hotic en referencia a los restos. "Hasta cierto punto estoy feliz, si es que a esto puede llamársele felicidad. La perspectiva de no encontrar nada habría sido peor".

Un hecho más que alegró a Hotic fue haber afrontado de manera directa al hombre al que responsabiliza de la muerte de Samir: el ex general serbio Ratko Mladic.

Tras su captura en mayo, Mladic fue sometido a juicio en La Haya, Holanda, acusado de ser el autor intelectual de la peor matanza de personas cometida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

En junio, los ojos de Kada Hotic se encontraron con los de Mladic a través de una barrera de cristal que separaba al tribunal de la cámara de la audiencia. Hotic señaló al procesado, después a ella misma, y luego llevó lentamente un dedo hasta la garganta de ella y lo agitó ante Mladic.

Según la señora, el significado de esas señas era: "Usted mató a mi único hijo. Ahora usted pagará las consecuencias".

La región de Srebrenica _con población predominantemente musulmana_ estaba protegida por las Naciones Unidas al ser sitiada por las fuerzas serbias que pretendían imponer su dominio en Bosnia durante la guerra de 1992 a 1995.

Pero los efectivos de la ONU no opusieron resistencia cuando los serbios invadieron el poblado el 11 de julio de 1995.

En el lugar, los serbios capturaron a los musulmanes y mataron a más de 8.000 hombres y niños, el punto más álgido de la guerra en Bosnia que dejó 100.000 muertos. Un tribunal internacional consideró después como genocidio las matanzas colectivas perpetradas en Srebrenica.

Hotic perdió a Samir, de 29 años, a su esposo Sead, a dos hermanos y a muchos otros parientes masculinos.

Los asesinos echaron los cadáveres en fosas colectivas que cavaron de prisa, y después los exhumaron para ocultarlos en otros sitios en un intento por mantener los crímenes en secreto. Utilizaron topadoras que mutilaron los cuerpos.

Los expertos forenses afrontaron la difícil labor de intentar la recopilación de esqueletos completos y verificar que el ADN de los huesos correspondiera al ADN de los sobrevivientes, a los que se habían tomado muestras sanguíneas.

En la mayoría de los casos, las familias no recibieron esqueletos completos sino restos parciales, pero tendrán una tumba a la cual visitar en el centro conmemorativo de Potocari, cercano a Srebrenica y construido frente a la ex base de la ONU donde los musulmanes bosnios buscaron refugio.

Hotic estaba sentada allí, paralizada de temor, hace 16 años al tiempo que escuchaba al general dar órdenes mientras los cascos azules permanecían sin hacer nada en el lugar.

"El (Mladic) les dijo: 'mis hermanos serbios, tienen luz verde, aprovechen esta oportunidad, no volverán a tener otra igual'", afirmó Hotic. Después ella observó a los soldados cuando separaban a los hombres de las mujeres y se los llevaban para matarlos.

El centro conmemorativo fue construido en 2003 en el lugar donde ella vio por última vez a su hijo y esposo. Ese año Hotic sepultó a su marido, cuyos restos fueron hallados.

Durante años, la mujer inventó maneras de mantener viva la memoria de su hijo. Samir era fumador y hacía arillos de humo "por los que se podía introducir un palo pequeño".

Tras la matanza de Srebrenica, Hotic comenzó a fumar e intentaba hacer arillos de humo.

"Si yo lograba hacer un arillo de humo imaginaba que lo había hecho él", afirmó la señora.

Desde 2003, Hotic asiste todos los años a las exequias colectivas en Potocari, donde reposan los restos de 4.000 víctimas. Desde el lunes 11 de julio, una de las tumbas tiene el nombre de Samir Hotic.

"La espera no fue en vano", afirmó la mujer, que ha dejado de fumar. "Podré ser una víctima y perdí a mis seres queridos, pero soy la ganadora".

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