Mujeres afroparaguayas reclaman su identidad frente a la discriminación

Las mujeres afrodescendientes de Paraguay reclamaron hoy un mayor reconocimiento social frente a la discriminación que padecen, la cual hace que muchas no quieran identificarse como tales, con motivo de la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora.

Susana Arce, de la Red Paraguaya de Afrodescendientes, dijo a Efe que las personas afrodescendientes están "poco visibilizadas" en Paraguay y que si no se identifican como parte de ese grupo es porque temen ser discriminadas o porque desconocen su historia.

Arce, que vive en la comunidad afro de Kamba Kokué, a unos 160 kilómetros al sur de Asunción, explicó que siendo niña ya sentía la discriminación por el color de su piel en la escuela y escuchaba como muchos de sus compañeros responsabilizaban a los kambá ("negro", en guaraní) de "todo lo malo que ocurría en las ciudades".

Por este motivo, Arce negaba ser afrodescendiente, pero con el paso de los años fue recuperando el orgullo por sus ancestros "que lucharon y sufrieron como esclavos", hasta lograr "el respeto de las demás comunidades".

Arce trabaja ahora en la Municipalidad de Paraguarí, desde donde promueve eventos culturales, como la Noche de los Tambores, para recuperar la percusión africana, y obras teatrales que reconstruyen la historia de los afrodescendientes en Paraguay.

Según datos oficiales de un censo de 2007, la población que se reconoce como afroparaguaya está compuesta por unas 7.600 personas, que residen en su mayoría en las comunidades de Kamba Kuá (área metropolitana de Asunción), Kamba Kokué, y Emboscada (a unos 50 kilómetros al noreste de la capital).

El 60 % de estos afrodescendientes en Paraguay cursó la educación primaria, pero solo un 1 % de ellos accedió a estudios universitarios, lo que evidencia la "negación de sus derechos básicos", según el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).

Además, el 90 % de las mujeres afroparaguayas trabajan como empleadas domésticas, según estos datos.

Este el caso de Anastasia Fernández, quien viaja tres veces por semana desde Emboscada hasta Asunción para trabajar como cocinera en casa de una familia.

Aunque Fernández trabaja con retiro y puede seguir viviendo en su comunidad, cree que la migración hacia la capital para buscar trabajo influye en que muchas mujeres afroparaguayas de Emboscada, especialmente las más jóvenes, dejen de identificarse como tales, según dijo a Efe.

Agregó que en Emboscada, pese a la migración y el mestizaje con grupos indígenas, la mayor parte de los habitantes conserva "rasgos físicos afro", que van más allá del color de la tez o el cabello, como "la forma de la nariz o de los labios".

Su preocupación es tratar de inculcar a las generaciones más jóvenes "la curiosidad por conocer sus raíces", como una forma de evitar que renieguen de su identidad.

Las mujeres afrodescendientes latinoamericanas buscan cambiar la exclusión, la marginación, las grandes brechas de desigualdad y la falta de empleo derivadas del racismo y la discriminación, y presentes en todo el continente, según afirmó la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora durante una reunión en Nicaragua celebrada en 2015.

Ese año, la ONU instauró el Decenio de los Afrodescendientes, con el fin de promover y proteger los derechos de quienes se consideran descendientes de africanos, y que son unos 200 millones de personas solo en las Américas, el 90 % de las cuales vive en la pobreza.

Por su parte, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, reclamó el pasado mes de marzo que se adopten "medidas de reparación histórica" por los "crímenes de lesa humanidad" sufridos por estas poblaciones en el continente, en muchos casos vinculados a la esclavitud.

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