La Naturaleza parece haberse ensañado con EEUU en el 2011

WASHINGTON (AP). La Naturaleza parece haberse ensañado con Estados Unidos este año.

Un calor sin precedente y sequías devastadoras. Tornados mortíferos que arrasan con pueblos. Desbordes masivos de ríos. Una nevada con daños de mil millones de dólares. Y ahora un inusual huracán que causa inundaciones en Vermont.

Como si fuera poco lo que cae del cielo, la corteza terrestre se sacudió en sitios normalmente estables: Colorado y toda la costa este, incluso Nueva York. El viernes, un intenso terremoto provocó breves advertencias de olas gigantescas en Alaska. Mientras tanto Arizona y Nuevo México han establecido récords de incendios descontrolados.

Las pérdidas totales por las inclemencias climáticas superan los 35.000 millones de dólares, y eso sin contar las ocasionadas por el huracán Irene, según la Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera (NOAA, por sus siglas en inglés). Ha habido más de 700 muertes por desastres climáticos, en su mayoría por una serie de tornados a principios de año.

En el 2010 el mundo pareció conmoverse con desastres naturales en el año más mortífero en una generación. Pero ese año fue negativo a nivel mundial y Estados Unidos resultó poco golpeado en general. Pero en el 2011, aunque ha habido episodios devastadores en otras latitudes _como el maremoto y la ola gigante en Japón, las inundaciones en Australia y la sequía en Africa_, parece haberle tocado el turno a Estados Unidos. Una y otra vez.

"Espero que haya un respiro. Estoy cansado de trabajar tanto. Esto es ridículo", comentó Jeff Masters, un meteorólogo que dirige Weather Underground, un servicio meteorológico que rastrea el clima extremo y extravagante. "No estoy acostumbrado a ver todos estos extremos en un mismo año".

Estados Unidos ha experimentado un récord de diez catástrofes climáticas que le han costado más de mil millones de dólares: cinco cadenas de tornados, dos inundaciones de ríos grandes en la parte superior de la región centro-norte y el río Misisipí, una sequía en el sudoeste y una tormenta de nieve que paralizó el centro-norte y el noreste. Y ahora el huracán Irene.

Según los expertos se debe al azar o a la mala suerte. Pero hay muchos que creen que el calentamiento global, atribuido a los seres humanos, aumenta las probabilidades de que las cosas salgan mal.

A veces la suerte pareció caprichosa.

La costa este recibió en una misma semana un sismo de magnitud 5.8 seguido del huracán tropical Irene. Si hubo algún sitio particularmente perjudicado fue la diminuta Mineral, en Virginia, epicentro del sismo. Allí, el teniente de bomberos del condado Louisa, Floyd Richard, observó el cielo oscurecido antes de la llegada de Irene y comentó: "Qué le hicimos a la Madre Naturaleza para que venga acá de esta forma".

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