Pasan los años y joven transgénero sigue su búsqueda

Pasaron seis años desde que Theo Ramos se hizo un corte en el brazo por primera vez en un baño de su escuela, seis años desde que sus padres y sus amigos descubrieron que quería ser varón y no niña, seis años de transición.

Y su madre, Lori Ramos, de 55 años, siempre estuvo a su lado.

“Hemos tenido momentos divertidos, en que nos reímos”, afirma la mujer. “Cuando se siente bien consigo mismo, es muy comunicativo, cuando no tiene preocupaciones y de repente te dice ‘mami, vamos a caminar’ y me cuenta cómo fue su día, llenándome de dicha. Para un chico que no se comunica, que es muy introvertido, eso me alegra mucho”.

Theo tiene hoy 16 años. Prefiere los pronombres “él y ellos, y a veces se describe a sí mismo como ‘el principito’ en las redes sociales. Se siente bien con la fluidez de su género: dependiendo del día o de su estado de ánimo, puede sentirse hombre o mujer.

Sentado en su habitación, Theo abraza un animal de peluche llamado Strawberry y se arregla el cabello teñido de azul y rosa mientras canta el tema “Moana” de Disney. Dice que le sorprendió lo mucho que le gustó la película porque normalmente no disfruta de cosas de mujeres, pero algo sobre la cinta --un viaje interior para encontrarse a sí mismo-- le tocó alguna fibra íntima.

“La voz que tengo adentro canta otra canción. ¿Qué es lo que no funcionan conmigo?”.

La identidad y los esfuerzos por conocerse a sí mismo contribuyen a la depresión, la ansiedad y los problemas que tiene Theo.

“Soy un varón a medias”, dijo Theo. “Una persona que no se identifica plenamente como varón. Varón un 50%. El otro 50% neutral. Así es como me identifico”.

“Me presento de distintas formas según el día, dependiendo de lo que esté haciendo o con quién me veo, pero mis emociones acerca de mi género son básicamente las mismas”.

Hasta hace poco, las personas transgéneros vivían en las sombras. Las depresiones eran muy comunes. También los suicidios.

Hasta que en el 2015, un astro olímpico pasó a ser una mujer trans, Caitlin Jenner. Le siguieron debates públicos acerca de los baños que deben usar los trans. Este año, el presidente Donald Trump prohibió a los transgéneros en las fuerzas armadas, pero un juez impidió llevar esa orden a la práctica.

La visibilidad y la discusión de los temas relacionados con los transgéneros van en aumento y algunos dicen que los trans son hoy más aceptados que nunca, aunque admiten también que todavía queda mucho por hacer.

Theo, no obstante, dice que todo este debate no ayuda demasiado a alguien como él, con un género en estado de fluidez y en proceso de transición.

Las depresiones, la ansiedad, las incertidumbres, todo sigue allí, es algo cotidiano. No hay forma de evitarlo, solo se puede tratar de sobrellevarlo de la mejor manera posible.

A veces, Theo no sabe qué hacer con todo eso.

Pasó varios meses sin cortarse. Pero antes del Día de Acción de Gracias del 2016, algo sucedió. No fue su disforia de género, aseguró, sino un evento traumático de un pasado lejano. Y reincidió.

Los cortes en su brazo fueron tan profundos que necesitaron decenas de puntos y fue internado en un centro que ofrece tratamientos para personas de su condición por seis semanas.

Al salir del centro, regresó a la escuela, donde estudia arte y se siente aceptado por la comunidad. Pero en casa tuvo otra crisis: su familia no podía pagar la hipoteca y debía mudarse. Era la casa donde Theo vivió toda su vida. La familia estaba estresada y Theo deseaba poder ayudar a pagar las deudas.

El muchacho y su madre fueron a un Starbucks una tarde. Cuando Lori le preguntó qué quería, Theo sacudió la cabeza. Sacó un papel de su bolsillo y dibujó algo.

“Esto es como si fuese mi depresión y mi tendencia a lastimarme”, indicó, apuntando hacia dos círculos. “Los dos están ligados. Me lastimo porque estoy deprimido y me deprimo porque me lastimo. Es un círculo vicioso”.

Acto seguido Theo dibujó una cara sonriendo en un hombro de su madre.

“¿Me prometes que no te harás daño?”, le dijo Lori.

“No puedo hacer promesas. Uno nunca sabe lo que va a pasar”, respondió Theo.

La madre se alegra de que Theo no haya iniciado una terapia de hormonas.

“Theo todavía está tratando de ver quién es y no creo que la testosterona hubiera sido lo mejor para él en un plano emocional”, expresó. “Ya está bastante peleado consigo mismo. No creo que añadir leña al fuego hubiera ayudado”.

El padre se muestra hoy mucho más tolerante con Theo, en parte porque el muchacho trata de no hablar de su género o su sexualidad delante suyo.

Lori dice que cree que la disforia de género de Theo es uno de los desencadenantes de su depresión, pero no la verdadera causa. Hoy por hoy Theo atribuye el 15% de su ansiedad y su depresión a cuestiones de género. Antes era el 95%.

El último verano Theo sufrió otro cambio. Fue criado como católico, pero conoció a un compañero de escuela musulmán y se puso a investigar el tema.

“No quería seguir siendo ignorante y empecé a leer”, explicó.

Agregó que había encontrado lo que buscaba y se convirtió.

“Hay algo en el Islam que le llegó”, dijo Lori. “Se lo ve más contento”.

Sigue usando pantalones sueltos y ahora le agregó un hijab para cubrir su cabello. Reza y ayuna. Dice que, a la larga, se someterá a una terapia de testosterona, pero que probablemente no se someta a una operación de cambio de género.

“Mi fe me ha ayudado a aplacar mi ansiedad”, manifestó. “Sé que Alá me acepta”.

Es uno de varios cambios que Lori ha aceptado con el correr de los años.

“¿Qué más puedo hacer?”, preguntó la madre. “Tu hijo sufre y no puedes ayudarlo. Lo único que puedes hacer es quererlo y apoyarlo, aún a sabiendas de que tu amor no va a resolver las cosas”.

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