Peligros de la opción nuclear norcoreana en la era de Trump

Una mañana de marzo, el líder norcoreano Kim Jong Un se instaló en un puesto de observación junto a un valle de arrozales cerca de la frontera con China y vio cómo sus fuerzas armadas disparaban cuatro proyectiles que caían en el mar, frente a la costa japonesa.

Corea del Norte acababa de llevar a cabo su primera simulación de un ataque nuclear a una base militar estadounidense.

Corea del Norte, que está probando sus misiles balísticos a un ritmo más veloz que nunca, mejora a paso acelerado sus equipos militares y amenaza con ser un adversario de temer. Algunos expertos creen que podría construir misiles lo suficientemente avanzados como para llegar a Estados Unidos en dos o tres años.

Y eso planeta grandes disyuntivas a los estadounidenses, que también modernizan su equipo militar y el martes interceptaron exitosamente un misil balístico intercontinental lanzado desde una isla del Pacífico.

Si Corea del Norte lanza un ataque nuclear contra una base militar estadounidense en Asia, ¿cómo responde Estados Unidos, lo deja pasar o toma represalias? ¿Responde con otro ataque y se expone a una segunda ronda de lanzamientos, esta vez dirigidos a Washington?

En marzo, Corea del Norte disparó cuatro Scuds al océano, a entre 300 y 350 kilómetros (185 a 220 millas) de la costa japonesa. La prensa estatal norcoreana describió la maniobra como un ensayo con miras a un “ataque a bases de las fuerzas agresoras imperialistas en Japón en una contingencia”. Agregó que Kim estuvo acompañado en el puesto de observación por expertos en armas nucleares.

El analista Jeffrey Lewis y sus colegas del Centro para Estudios de No Proliferación de Monterey, California, pronto se dio cuenta de que los Scuds llevaban una trayectoria que, con un pequeño desvío hacia el sur, los hubiera hecho caer en una base estadounidense en Iwakuni, al sur de la principal isla de Japón.

Antes de esa simulación, Estados Unidos y Corea del Sur estaban llevando a cabo maniobras militares con aviones F-35 basados en Iwakuni, donde hay unos 10.000 efectivos estadounidenses y japoneses. Se dice que los F-35 podrían ser usados en un ataque para “descabezar” la estructura de comando norcoreana, incluido el propio Kim Jong Un.

Kim, aparentemente, ensayaba cómo golpear primero.

El concepto de la Guerra Fría de “destrucción mutua garantizada” funciona cuando todos los bandos están convencidos de que ninguno sobrevivirá. Es poco probable que los norcoreanos lleguen a ese nivel. Incluso si logran construir misiles balísticos intercontinentales con ojivas nucleares que pueden llegar al territorio continental de Estados Unidos, la dinámica podría ser mucho más volátil.

Bruce Bennet, experto en Corea del Norte y analista militar con la RAND Corporation, plantea estos escenarios:

— Corea del Norte tiene ojivas nucleares y puede lanzarlas desde submarinos o sitios remotos, difíciles de detectar, en tierra firme. Temerosa de un ataque de Estados Unidos, golpea primero, atacando el puerto sudcoreano de Busán, y le dice a Estados Unidos que, si toma represalias, disparará armas nucleares hacia ciudades estadounidenses.

¿Se expondría el presidente estadounidense Donald Trump, o quien lo suceda, a sacrificar ciudades como Los Ángeles o Chicago para defender a un aliado?

— Corea del Norte hace otro ensayo de misiles balísticos como el del 6 de marzo. Pero poco antes de que caigan al agua cerca de Japón, detona una o más armas nucleares, derribando algunos aviones comerciales o hundiendo barcos de carga de la zona. Esto convencería al mundo de que Kim Jong Un tiene un arsenal nuclear y está dispuesto a usarlo.

Nuevamente, ¿cómo respondería Trump?

— Estalla la guerra en la península coreana. Corea del Norte lanza un misil balístico intercontinental que parece quedarse corto, bien al oeste de California. Pero al caer estalla una explosión nuclear que causa daños a territorio estadounidense. Pyongyang amenaza con ataques más serios a Estados Unidos si hay represalias o si Estados Unidos interviene en el conflicto, planteando la posibilidad de que haya millones de muertos.

“Con el peso de la historia sobre sus hombros, ¿cómo responderá un presidente estadounidense?”, pregunta Bennett. “¿Cómo debería responder?”.

El 15 de abril, Kim Jong Un aplaudió un desfile militar de sus fuerzas armadas, que cuentan con un millón de efectivos, en el que se hizo el despliegue de misiles y vehículos de transporte más grande jamás visto en Corea del Norte.

El mensaje que quería transmitir estaba claro. Corea del Norte está lista, o casi lista, para lanzar ataques preventivos contra blancos regionales. Se prepara para sobrellevar represalias y está construyendo el arsenal que necesita para lanzar una segunda ola de ataques, esta vez contra tierra firme estadounidense.

También mostró misiles que se lanzan desde submarinos, un arma sigilosa, móvil y difícil de encontrar.

Fue desplegada asimismo la versión terrestre de esos misiles, que usan combustible sólido, lo que implica que pueden ser almacenados, escondidos y transportados por terreno agreste con miras a un rápido lanzamiento. Kim Jong Un ordenó su producción en gran escala.

La gran novedad del desfile vino poco después. El "Hwasong 12".

Un mes después del desfile, se elevó 2.111 kilómetros (unas 1.240 millas) y estuvo en el aire 30 minutos. La prensa del norte dijo que puede transportar “una ojiva nuclear grande y pesada”.

Kim dijo que eso demostró que tiene “grandes recursos para responder a ataques”.

Eso fue una fanfarronada. El alcance del misil es de 4.500 kilómetros (2.800 millas), kilómetro más o kilómetro menos.

En otras palabras, se quedaría a mitad de camino de Chicago.


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