Peregrinaje a Santiago de Compostela no pierde su encanto

SANTIAGO DE COMPOSTELA, España ( AP). Un peregrino que se dirigía a Santiago de Compostela en la antigüedad apenas podía esperar una comida caliente y una cama luego de una larga caminata de un día. Hoy cuenta con bares que sirven hamburguesas, comunicaciones inalámbricas y una dura decisión: optar por un tratamiento de reiki o uno de watsu para aliviar el dolor de los pies.

El peregrinaje del Camino de Santiago se viene realizando desde hace más de mil años.

La más transitada de las rutas antiguas a Santiago de Compostela, en el noroeste de España, es el Camino Francés, de casi 800 kilómetros (500 millas). Comienza en el lado francés de los Pirineos y llega a Santiago, con su catedral ornamentada y una tumba donde se cree descansan los restos del apóstol.

En una visita a la catedral el 6 de noviembre, el papa Benedicto XVI dijo que había ido como peregrino, igual que millones de personas. Realizó una misa al aire libre en la catedral, a la que asistieron miles de fieles, y oró en la tumba de San Jacobo.

Hacer el recorrido completo a pie puede tomar entre seis y ocho semanas. La Iglesia Católica tradicionalmente lo consideró uno de los tres peregrinajes _los otros son a Roma y a Jerusalén_ premiados con el perdón de todos los pecados del peregrino.

El viaje se hizo popular en la época medieval, pero la cantidad de peregrinos declinó con el correr de los años a raíz de las guerras y de los cambios políticos en Europa.

La tradición fue revivida en la década de 1980, cuando el recorrido se adaptó a las necesidades de un turismo masivo, evitando no obstante un desarrollo exagerado y conservando una naturaleza más bien modesta.

Miles de personas hacen el recorrido todos los años. Los peregrinos modernos no tienen que preocuparse de pandillas en las carreteras ni de plagas, pero todavía encaran ciertos inconvenientes, como ampollas, chinches y mochilas pesadas. También deben decidir qué distancia caminar, dónde comer y dónde pasar la noche.

El recorrido del Camino es tan lento que es imposible hacer caso omiso de los aspectos meditativos cuando uno pasa por bosques frondosos, plantaciones de maíz, viñedos inacabables y turbinas de viento en las colinas. Ni siquiera quienes no buscaban la salvación pueden evitar entrar en un estado meditativo.

La peregrina inglesa Irasema Laverde dijo que camina todo el día pensando en sus seres queridos y que reza para que un familiar enfermo se recupere pronto. " Los caminos son seguros y siento que puedo caminar con los ojos cerrados y conectarme conmigo misma y con la naturaleza, con sus sonidos de ríos que fluyen y el trinar de los pájaros", explicó.

La infraestructura cristiana a lo largo del recorrido reúne a mochileros, ciclistas y peregrinos devotos que tienen poca experiencia en estas caminatas, pero creen que la experiencia los acercará a Dios. Pocos admiten que eligieron hacer la travesía pura y exclusivamente como una vacación, disfrutando de la hospitalidad cristiana de siglos.

Kevin Wiggen volvió a España desde San Francisco para completar el recorrido luego de que una lesión le impidiese hacerlo en un intento previo. Wiggen dijo que los caminantes le recordaron a los mochileros de otras travesías internacionales, pero que el recorrido tenía un " trasfondo religioso que lo hace más atractivo todavía".

Hay otras diferencias notables entre el Camino y otros senderos. Los peregrinos, muchos de ellos ancianos, no son el típico mochilero. Hay marcas que hacen que resulte fácil seguir el recorrido, el cual ha sido transitado por tanta gente que alisó el camino, por lo que el impacto en los pies no es tan grande.

Algunos senderos para caminantes evitan la civilización y ponen énfasis en el contacto con la naturaleza, pero éste pasa por todos los pueblos, por pequeños que sean, para poner en contacto a la gente con las viejas tradiciones.

Los bares oscuros, llenos de humo de fumadores, reciben a peregrinos que se mezclan con los lugareños. Además de vender comidas típicas, los bares y restaurantes ofrecen programas televisivos locales y partidos de fútbol.

El punto culminante del recorrido es la misa en la catedral de Santiago de Compostela, con su ornamentada fachada barroca.

Para muchos caminantes modernos, no obstante, el momento más especial es cuando, tras cuatro días extras de caminata, llegan a Finisterre ("donde termina la tierra"), sobre el océano Atlántico.

Viendo al mar desde este pueblo al final de semejante travesía, uno no necesita ser religioso para sentir un intenso contacto con la naturaleza y la espiritualidad.

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