Peregrinos viajan a Roma para beatificación de Juan Pablo II

A BORDO DEL TREN POPIELUSZKO (AP). Durmieron en los pasillos y celebraron la misa en el vagón comedor.

Ochocientos polacos tomaron un tren especial el viernes por la noche para un viaje de 26 horas a través de Europa rumbo a Roma y la beatificación del difunto papa Juan Pablo II, un paso crucial hacia su canonización. Decenas de miles de polacos se están congregando en la capital italiana para la ceremonia del domingo, motivo de regocijo para la patria de Juan Pablo.

El sábado a la mañana, el tren recorría el pintoresco campo austríaco. Y mientras pasaba las granjas, riachos y cerros, los sacerdotes en el tren celebraron la misa, con un altar improvisado en el comedor: una mesa cubierta por un mantel blanco y un crucifijo de unos 10 centímetros. Los fieles ocuparon los pasillos, mientras los sacerdotes se abrían paso como podían para darles la comunión.

El tren "Popieluszko" de los peregrinos lleva el nombre de Jerzy Popieluszko, un sacerdote polaco recientemente beatificado que fue asesinado en 1984 por el régimen comunista, el sistema cuya caída es atribuida, entre otros, a Juan Pablo II.

El tren debe llegar a Roma el domingo, unas horas antes de la beatificación.

Para los que ya se encontraban en la ciudad, el sábado por la noche comenzaba una vigilia de oración en el Circo Máximo, con el testimonio de la monja francesa afectada por el mal de Parkinson cuya inexplicable curación fue el milagro necesario para beatificar a Juan Pablo II.

El viaje de los peregrinos en el tren Popieluszko comenzó con una misa en la iglesia del sacerdote en Varsovia el viernes por la noche. Luego fueron a una estación ferroviaria cercana, con maletas o mochilas y botellas de agua.

Algunos dijeron que iban a Roma a agradecer a Juan Pablo II por haber dado respuesta a sus oraciones, o al papa Benedicto XVI por acelerar la beatificación de su compatriota. Otros iban en busca de curaciones para sus males de salud, en tanto algunos decían querer experimentar nuevamente la poderosa sensación de comunidad que los embargaba en las reuniones juveniles que presidía Juan Pablo II.

En la estación, los organizadores de la peregrinación repartieron gorras amarillas y botones con imágenes de Jesús y de Juan Pablo II, además de mapas de Roma y una hoja con frases de uso común en polaco e italiano.

Sea como fuere, los peregrinos del tren Popieluszko _como tantos otros polacos escasos de fondos_ no tendrán demasiado tiempo para ensayar frases italianas en Roma. El arribo está previsto para el sábado a medianoche, y luego pasarán varias horas en oración a la espera de la beatificación. Y apenas horas después de la ceremonia del domingo por la mañana, deberán abordar el tren para el regreso a casa.

Un guía recorría los vagones el viernes por la noche, impartiendo consejos a los peregrinos que se acomodaban para dormir. A un grupo en un compartimiento de seis personas les dijo que no dejaran objetos de valor en el tren.

Cuando ese grupo fue a Roma para el funeral de Juan Pablo II, "les robaron todo, hasta los frascos de pepinillos", dijo.

La mayoría de los pasajeros no tuvieron la suerte de conseguir cama en el vagón dormitorio, y cuando el tren corría hacia el sur en la oscuridad, muchos dormían sentados o tendidos en los pasillos, en la primera de tres noches incómodas.

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